Archivo mensual: abril 2012

¿Cómo respaldar las palabras con hechos?

Como resumen de la necesidad de respaldar las palabras con hechos, tenga en cuenta estos puntos:

-Los padres son quienes deben determinar límites equilibrados, pero fir­mes, cuando se trata de disciplinar a los hijos y cuando corresponde elo­giarlos o premiarlos.

-Planifique siempre la forma en que respaldará sus palabras con hechos en caso de ser necesario. Cuando les diga a sus hijos lo que usted espera de ellos, pregúntese enseguida: ¿Qué haré si no me escuchan ni me hacen caso? De lo contrario, su reacción a la desobediencia corre el peligro de ser tan apresurada e irreflexiva como inconveniente.

-Decida una medida disciplinaria eficaz.

-Ponga sobre el niño la responsabilidad de enfrentar las consecuencias de sus acciones: si haces tal cosa, serás disciplinado con tal medida.

-Sea consecuente. Cada vez que el niño se comporta en forma inapropiada, lleve adelante la consecuencia programada por usted, sin dar marcha atrás, siempre que esté seguro de que está haciendo lo correcto.

-Perdone y olvide: luego de que el niño se ha disciplinado, se acabó el tema.

-Para los niños pequeños es muy importante el contacto corporal. Utilíce­lo tanto si aplica un rezongo (por ejemplo, lo toma suave, pero firmemente de los hombros) como cuando los refuerza positivamente (por ejemplo: abrace, acaricie, palmotee).

-Programe el refuerzo positivo. Cuando el niño lo escucha y cumple, recu­rra al elogio, el privilegio o el premio en un volumen adecuado al buen comportamiento de su hijo.

“TERNURA Y FIRMEZA CON LOS HIJOS

Dr. Alexander Lyford-Pike

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¿Qué se puede hacer con el dinero?- II Parte

Enseñar a ganar dinero

Una manera eficaz de enseñar el valor de las cosas es poner al hijo en la situación de poder ganar dinero de tal manera que pueda relacionar el esfuerzo que pone con los resultados obtenidos. Ya hemos dicho que a veces no es fácil encontrar estos trabajos pero si es posible, en un ambiente adecuado, puede ser muy útil.

También es posible que los hijos ganen algún dinero en la familia. Desde luego no conviene gratificar la realización de actividades que corresponden a su deber habitual. Por ejemplo, suele ser contraproducente pagar las calificaciones buenas que traen del colegio o el cumplimiento de encargos en la casa. Sin embargo, puede considerarse razonable, o incluso educativo, gratificar algún esfuerzo especial. Por ejemplo, el pintar una habitación, arreglar el trastero, limpiar ventanas u ocuparse de los hijos de algún hermano mayor.

 El fin principal de este planteamiento es que el hijo valore el esfuerzo que le ha costado en relación al dinero que le han dado y a su vez, relacionar esfuerzo-dinero, con lo que cuestan las cosas que quisiera adquirir. La desproporción les va a sorprender tan desagradablemente como a nosotros y hará que nos comprendan mejor. También encontrará mayor satisfacción en una adquisición si ha tenido que esperar y esforzarse para lograrla.

 Enseñar a gastar el dinero

El problema de cómo gastar el dinero es muy diferente de acuerdo con la procedencia de los ingresos.

Si los padres habitualmente entregan cantidades importantes de dinero a sus hijos es probable que lo gasten caprichosamente.

Si no reciben una orientación sobre la manera en que pueden utilizar su dinero, también puede suceder lo mismo. Los padres pueden controlar el dinero que ellos aportan pero es más difícil controlar ingresos obtenidos o por trabajo o fuera de la casa o de los abuelos u otros parientes.

 En todos los casos hará falta una orientación.

 Los tipos de preguntas que se pueden hacer los hijos respecto al gasto de su dinero son:

  1. ¿Cuál es el motivo real del gasto?
  2. En caso de no adquirir tal objeto, ¿te sentirías muy triste? ¿Por qué?
  3. ¿Has pensado en alternativas menos costosas antes de determinar el gasto?

David Isaacs y María Luisa Abril- “Familias Contra Corriente”

Colección Hacer Familia

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Ansiedad

En tercer lugar, debe tomarse en cuenta la ansiedad como situación atípica en los niños, principalmente porque es una causa de sufrimiento, pero tam­bién porque tampoco responderán a la EP (EDUCACIÓN CON PERSONALIDAD).

Existen dos tipos de trastornos ansiosos: Angustia de Separación y Tras­torno por Ansiedad Excesiva.

Bajo la Angustia de Separación un niño se niega a separarse de una figura protectora (sus padres o abuelos, un hermano mayor, una empleada) y rehusa ir al colegio o cumplir otras obligaciones que impliquen separación física.

Puede presentar dolores de cabeza y estómago. Generalmente tiene pesa­dillas intensas o temor a acostarse por las noches.

La otra forma de ansiedad se denomina Trastorno por Ansiedad Excesiva. Se trata de niños inseguros y extremadamente preocupados por su propio desempeño en el colegio, en los deportes y en su vida social. Preguntan constantemente para reasegurarse a sí mismos y se los nota ansiosos en lograr aceptación entre las personas con quienes tratan.

Ambas patologías mejoran rápidamente con la atención de un sicoterapeuta infantil bien entrenado y asesoramiento familiar.

“TERNURA Y FIRMEZA CON LOS HIJOS

Dr. Alexander Lyford-Pike

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¿Qué se puede hacer con el dinero? I Parte

Si ustedes han contestado la pregunta seguramente han pensado en:  GASTARLO.

Nadie suele decir “ahorrarlo”, “regalarlo”, “invertirlo”, ni siquiera “ganarlo”. Por eso es tan importante pensar en este medio en la educación de los jóvenes. El dinero es un medio importante. Existe. Se puede utilizar el dinero bien o se puede gastarlo mal. En este campo tendrán que ser especialmente valientes para buscar el bien de sus hijos.

Vamos a considerar los distintos aspectos que hemos mencionado con referencia a la educación de los hijos. Pero hay un aspecto previo. Se trata de: enseñar a los hijos a valorar los recursos materiales.

Conocer el valor de las cosas

Para conocer el valor de las cosas habrá que centrar la atención de los hijos en dos aspectos complementarios:

  1. El valor en el sentido de su relación con unos fines que valen la pena.
  2. El valor en el sentido de cuánto dinero cuestan las cosas.

El primero requiere que los padres ayuden a sus hijos a descubrir el sentido de los objetos materiales. Algunos ejemplos sencillos pero relevantes son:

UN ABRIGO:

–       es para dar calor y conviene que sea apropiado al tipo de uso;

–       no es para llevar la etiqueta de una marca determinada y así quedar igual o superior a los demás compañeros.

UN EQUIPO DE SKI:

–       es para practicar el deporte con cierta seriedad, que sea seguro y práctico;

–       no es para socializar en la nieve o para usar caprichosa, alguna vez.

 UN ORDENADOR:

–       es para aprender a utilizar unos programas que pueden ser útiles para el trabajo;

–       no es para jugar.

 UN MEDIO DE TRANSPORTE:

–       es para resolver dificultades de transporte más o menos insuperables;

–       no es para trasladarse de un sitio a otro, caprichosa y cómodamente.

 También hay objetos materiales que difícilmente pueden relacionarse con algún tipo de objetivo educativo. Por ejemplo, videojuegos, televisores personales, o motos.

 El valor en el sentido de cuánto dinero cuesta, significa que los hijos necesitan aprender a relacionar el precio de las cosas con el presupuesto familiar y a su vez con el tiempo que cuesta ganarlo (¿es mejor tener dinero o tener más tiempo con los padres).

 De acuerdo con su edad y con su madurez (no se trata de atosigar a algún hijo especialmente sensible) convendrá explicar el presupuesto familiar y que los hijos sepan lo que vale la comida y otros gastos habituales.

 Luego estarán en mejores condiciones de juzgar respecto a sus propias necesidades, si son auténticas necesidades o simplemente caprichos, o siendo útiles no se justifican dentro del contexto del presupuesto familiar.

David Isaacs y María Luisa Abril- “Familias Contra Corriente”

Colección Hacer Familia

Foto: kongsky

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Depresión

Una segunda situación atípica en que el niño probablemente no responderá a la Educación Positiva, y por la cual es necesario consultar a un profesional, está confor­mada por los episodios de depresión.

Es difícil de diagnosticar porque el niño no sabe decir que está triste. Se manifiesta, en general, en decaimiento o movimiento excesivo; agresivi­dad; mal dormir o dificultades para ser despertados en la mañana, cuando este problema no existía anteriormente; inapetencia o gran voracidad; llanto frecuente con dificultad para explicar el motivo de su tristeza.

Los que sufren episodios de depresión muestran también disminución de su rendimiento escolar y dejan de jugar o lo hacen con menor frecuencia que lo habitual.

Si usted observa alguno de estos síntomas, aunque sólo sea uno de ellos, no dude en consultar a un especialista a fin de ser orientado.

Los tratamientos modernos suelen combinar la sicoterapia y medicación con asesoramiento familiar. A diferencia de los adultos, las respuestas son rápidas y las altas en corto plazo.

“TERNURA Y FIRMEZA CON LOS HIJOS”
Dr. Alexander Lyford-Pike

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