La autoestima de los 6 años hasta la pubertad

Texto tomado y adaptado del libro “Cómo se educa una autoestima familiar sana” de Cynthia Hertfelder

Ahora ya es capaz de separar fantasía y realidad, yo y los otros, lo posible y lo imposible (de una forma básica). Su lógica es ahora como la de cualquier adulto, pero con la salvedad de que está ligada a lo concreto.

El mundo de la abstracción le resulta todavía, en gran medida, ajeno, pero ya tiene adquirida la noción de causalidad; es capaz de comprender que a una causa le sigue un efecto, por tanto es capaz de comprender que cada una de sus acciones tiene unas consecuencias, aunque todavía no entiende bien cuales. Esto quiere decir que necesita experimentar las cosas por sí mismo, que necesita ver y tocar para conocer y comprobar que algo es verdad.

A partir de los seis años, el niño ya es capaz de comenzar a apreciar sus propias realizaciones. La consecuencia inmediata es que es capaz de apreciar la verdad que hay en la valoración que sus padres y profesores hacen de ellas y también es capaz de apreciar la diferencia que hay  con las realizaciones de sus otros compañeros en el colegio. Es decir empieza a comparar. Y en esa comparación se encierra un enorme riesgo, si los padres y profesores no están muy atentos.

Ahora, al niño no le basta que le digan que esto está muy bien, él ya ve si está bien o no,o si está mejor o peor que lo que ha hecho el otro niño. Por descontado que sigue necesitando el reconocimiento de aquellos que para él son importantes, padres y profesores, pero necesita que ese reconocimiento se asiente sobre unas bases nuevas. Estas nuevas bases serán:

  • La valoración real de sus realizaciones y conductas, es decir, debe experimentar  y aprender a valorar éxitos y fracasos propios.
  • El aprendizaje de que él es distinto de sus realizaciones y conductas, es decir, que haga cosas mal no quiere decir que sea malo o incapaz de hacerlas bien.
  • El aprendizaje de que él es querido no por sus realizaciones (triunfos o fracasos), sino por el mismo, sin condiciones ni amenazas.
  • El aprendizaje de que el éxito real en sus realizaciones estriba en el esfuerzo real que en ellas ha puesto, y comprueba que eso es así para los que le quieren.
  • El aprendizaje de que puede mejorar, pero esa mejora no es la condición para ser querido, al contrario, porque es querido se esfuerza, porque percibe la confianza que en él se deposita.
  • El aprendizaje de que las cosas las debe hacer lo mejor posible para el mismo, y no para competir con los demás.

El niño en este momento debe aprender a reconocer paulatinamente sus capacidades, optimizando sus posibilidades sin la presión de no ser como los demás; aceptando esta diferencia como algo positivo y enriquecedor.

Piénsese que, hasta los seis años, la motivación residía en el placer que el niño experimentaba con la  simple manipulación. Es decir la motivación residía en la misma actividad. Ahora no, ahora necesita poder valorar él mismo sus éxitos para sentirse seguro. Por ello nos encontramos en el momento clave para enseñar a atribuirse de forma adecuada éxitos y fracasos.

El estilo atribucional que aprenda en este momento será básico en etapas  posteriores de su desarrollo, sobre todo, en la adolescencia. El niño debe aprender que no se puede pretender controlar todo, y que el éxito no depende casi nunca de factores externos a él mismo o internos a él mismo. De esta manera habrá que irle enseñando que las posibilidades, en cada caso, serán:

  1. Causas internas estables: soy inteligente.
  2. Causas internas variables: me he esforzado poco.
  3. Causas externas estables: el profesor exige de esa manera.
  4. Causas externas variables: un niño me cogió el examen.

Por otra parte la forma de conocimiento del niño ya no es solo a través del juego. Ahora debe esforzarse y, en función del esfuerzo, los resultados son de un tipo o de otro. Y el esfuerzo no siempre es agradable por sí mismo. Debe aprender a valorar el esfuerzo por el valor que le dé resultado que quiere obtener. Las cosas ya no se hacen porque sí, ni solo porque a mamá o a papá le gustan, sino porque son valiosas.

Por eso, jamás debe sentirse engañado cuando se juzga algo de lo que él ha hecho, perdería la confianza en la persona que le engaña, aunque esta lo haga con la buena voluntad de no defraudarle. La confianza se comenzará a buscar entonces en otros que sientan no les engañan, como los compañeros. O lo que es peor, buscará a toda costa sentirse bien, sobre todo, a través de resultados excelentes.

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