De 6 a 12 años: ¿Se acompleja o le acomplejas?

Alguno de nuestros hijos puede subestimarse al creerse inferior a los demás en su aspecto físico o intelectual, sintiéndose incapaz de estar a la altura de los demás. Esto le produce miedos y complejos, que a veces resultan difíciles de superar.

La época que por excelencia debería ser el tiempo más bello de sus vidas, la infancia, puede convertirse en un verdadero calvario. A partir de los ocho o nueve años los niños son capaces de valorar las reacciones que tienen los demás hacia ellos y discernir si son buenas o malas. Por esta razón, desde chiquitines debemos enseñarles a pensar por sí mismos y a decidir sobre algunas de las cosas que les afectan directamente. Sólo de este modo crecerán seguros de sí mismos y serán capaces de superar todos los rechazos que vengan del exterior.

¿LE ACOMPLEJAS?

En ocasiones, y con toda la buena intención del mundo, los padres proyectamos las propias ilusiones con los hijos, sin llegar a comprender que son personas distintas. Esa exigencia sin sentido se produce porque deseamos fervientemente que sean lo que no pudimos llegar a ser. Hablamos y hablamos sobre lo lejos que llegará: estudiará Medicina, como su madre; será un monstruo de las matemáticas, como la abuela; llegará a ser el mejor atleta entrenado por el abuelo, que fue seleccionador nacional; o directivo de una multinacional, como su padre. No hay lugar al desarrollo de la imaginación y de la fantasía, a los juegos de niños: sólo ocupaciones serias de acuerdo con un plan de futuro.

COMPLEJOS QUE SUFREN LOS NIÑOS

  • Complejos físicos

Los niños se comparan físicamente unos a otros, en altura, en el peso, porque quieren ser como los mejores, aquello que se anuncia en televisión, o como sus deportistas o actores favoritos. Ahí empieza el calvario para un niño cuyo peso, por ejemplo, sea un poco superior a la media de los de su edad.

  • Miedo al fracaso escolar

Los padres tienen tendencia a comparar las notas que traen los niños a casa con su futuro profesional y eso puede acarrearle al niño un sentido de culpabilidad y además un estado de ansiedad por pensar que no es capaz de sacar buenas notas y que su vida profesional será un fracaso.

  • Introversión

Hay niños que tienen miedo a relacionarse con otros compañeros porque les da miedo lo que piensen de ellos y que les rechacen. Se anticipan a lo que los demás puedan decidir sobre su persona y esto les lleva a inhibirse completamente.

 LOS DEFECTOS EXISTEN

Otra causa importante del complejo de inferioridad son los defectos: todo defecto físico, constitucional o adquirido con el paso del tiempo (miopía, sordera), o defecto psíquico (falta de memoria) puede constituir el punto de partida de un complejo de inferioridad; especialmente si los padres, hermanos o compañeros se burlan de él o lo desprecian.

Algunas veces no es necesaria una inferioridad real; puede bastar una característica un poco extraña para atraer sobre el pequeño los motes o apodos crueles (por inconscientes) de sus compañeros: el color del pelo, una estatura demasiado alta o demasiado baja, etc. Un tono de burla, una frase hiriente, aunque no tenga nada de razón, puede acomplejarle. El niño no puede desprenderse de todas esas etiquetas que le ponen y acabará haciéndose la idea de que, efectivamente, él es así. Su propio hogar debería ser un reducto de alegría y optimismo, un lugar para reponer fuerzas y autoestima; pero puede llegar a ser un lugar nefasto si unos padres inconscientes se dedican a resaltar, por sistema, estos mismos defectos.

EXIGENCIA A SU MEDIDA

El mejor modo para evitar que se formen complejos de inferioridad en los hijos consiste en evitar los errores de educación que los crean. Y esto no es fácil porque, en muchos casos, son los mismos padres los que sufrieron algún complejo de este tipo del que desean inconscientemente “resarcirse”. ¿Cuántas veces se dice ante cualquier defecto de los hijos: ¿“Yo a tu edad”…?

Cuando hablábamos de que una causa del complejo es la exigencia desorbitada no quiere decir que se deje a los hijos hacer lo les venga en gana. El secreto de la educación está en conseguir que quieran aquello que deben hacer. El muchacho no debe hacer lo que quiere, sino querer lo que hace.

Es evidente que nuestro hijo necesita que se le exija, pero no por encima de lo “posible”. Hay que llegar a un umbral en el que la exigencia sea lo suficientemente fácil para que el niño pueda cumplir y lo suficientemente difícil para que se supere. Así se avanza, pues el umbral irá elevándose.

 

CONTRA LOS DEFECTOS

Y si se trata de una inferioridad real –física o psíquica–, en vez de tratar de ocultarla a sus ojos con la vana esperanza de que pueda ignorarla para siempre, habrá que enseñarle a sublimarla y situarla en su justa importancia. Lo primero es un poco cobarde e irreal. Quizá en casa no se hable de ello, pero en la calle le acribillarán …y no se puede estar sobreprotegiéndole a cada momento.

Un chico que deba vivir con un defecto tiene mucho mérito y hay que hacérselo ver de este modo, para que tenga un alto concepto de sí. Cada cual presenta unas limitaciones, más o menos acusadas, que debe asumir y unas cualidades notables que hay que saber desarrollar y propiciar.

 PARA PENSAR

  • Toda comparación es odiosa, especialmente cuando es reiterativa y dejamos siempre por debajo al hijo, A su edad no se era mejor ni peor, sólo distintos.
  • Con solo pensar un poco no será difícil descubrir alguna cualidad del niño en la que sea posible apoyarse para ayudarle. Alguna afición especial, algún deporte en el que destaque, alguna virtud… Si se le reconocen los méritos verá el mundo con otros ojos y se sentirá rehabilitado.
  • Intentar elogiarle tres cosas al día. No hace falta esperar encontrar virtudes. Que vea que su familia está a su favor.
  • Cuando tenga algún defecto no hay que ocultarle lo que es una realidad: un defecto. Es algo que no puede ignorar. Al revés, tiene que superarlo y darse cuenta de que tiene mucho mérito saber llevarlo bien. Que se dé cuenta de que es una persona especial para que tenga un alto concepto de sí.

…Y ACTUAR

A veces, el complejo de inferioridad se revela con una excesiva timidez, con pereza, con accesos de rabia o con galimatías más o menos imaginativos que pueden llegar a poner muy nerviosos. En todo caso, hay que tratar de evitar siempre el reprender los hechos relacionados con el complejo, con los defectos, mediante comparaciones. Pero, por supuesto, no se puede dejar pasar que no cumpla con sus obligaciones como hacerse la cama, ser ordenado, etc.

Por María Lucea
Tomado de la Revista Hacer Familia 213

 

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