Archivo mensual: septiembre 2012

Actitudes de los padres que favorecen el desarrollo de la autoestima

Ilustración: La Mamá Oca

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Familia Permisiva

Ilustración tomada del libro: “Ternura y firmeza con los hijos” de Dr. Alexander Lyford-Pike.

La familia permisiva es la más común en nuestros días. Es genial por el lado de que sí se atienden las necesidades afectivas de los hijos, pero se deja de lado otra parte que es fundamental: la educación con firmeza, normas y exigencia que es imprescindible en el desarrollo de seres humanos maduros.

En este miedo que sentimos los padres de no estar dándoles todo nuestro tiempo porque trabajamos mucho o porque hay más peligros que acechan como las malas compañías, las drogas, el alcohol, entre otros, los padres sobrevaloramos lo afectivo y pretendemos ser los mejores amigos de nuestros hijos, olvidándonos el ser padres. Así, estamos a merced de todos los caprichos, por más mínimos que sean, pensando que así los haremos felices y olvidando la importancia del autodominio en la formación de una persona.

Según Cynthia Hertfelder, en su libro “Como se educa una autoestima familiar sana”, la autoestima de los hijos en este tipo de familias suele presentar el siguiente tipo de problemas:

  • Se educa hijos caprichosos que no toleran la más mínima frustración.
  • No son capaces de controlarse emocionalmente.
  • Se creen con derecho a todo por parte de todo el mundo.
  • No entienden la importancia de ninguna clase de normas.
  • No son capaces de establecer proyectos a largo plazo, porque suelen buscar el placer y la recompensa inmediata.
  • No aprenden a conocerse ni a conocer sus limitaciones o potencialidades, porque no se han tenido que esforzar casi nunca por nada.
  • Cuando las cosas no salen como ellos esperan y desean no sabe resolver los problemas y echan la culpa a los demás.
  • No aprecian el valor de las cosas ni de las personas.
  • No entienden lo que los demás sienten ni son capaces de ponerse en su lugar.

“Su autoestima es una autoestima falsa, inflada llena de nada y en permanente riesgo de explotar en cuanto se hayan de enfrentar, aunque solo sea por la edad que no perdona, a una realidad que no tenga como objetivo primero complacerles en sus más mínimos deseos. Se construye una noción de singularidad que no tiene apoyos reales. La ausencia de normas y de exigencia familiar incapacita al niño para construir un modelo adecuado de valores y significados, así como para conocer con realismo sus propias competencias”, finaliza la autora.

Más sobre:

Educación con firmeza

Autoestima

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Núcleo vertebrador de la sociedad

Foto: La Mamá Oca

Para que triunfe el mal, basta con que los buenos no hagan nada, afirmó el gran político y estadista Edmund Burke. Mientras las clases dirigentes se dedican a hacer ingeniería social y a aplicar sus principios ideológicos, las gran mayoría de los ciudadanos nos dedicamos a trabajar para sacar adelante a nuestras familias.

La falta de participación ciudadana empobrece a la sociedad y a las personas. Al final la democracia se limita a votar cada cuatro años y poco más, se trata de la corrupción de la democracia y su reducción a la tiranía. En contra de lo que piensan muchas personas, los ciudadanos podemos hacer mucho por mejorar la sociedad.

Empezando por lo más cercano, tenemos que cuidar uno de los cimientos básicos de la sociedad: el matrimonio, empezando por el propio. Enamorándonos cada día de nuestro cónyuge, cuidando los detalles y el trato delicado.

Tenemos que ejercer de padres, sobre todo los varones. Hay que entrar en el hogar pero no como en un refugio sino como en el lugar donde nos esperan quienes más queremos. La familia debe ocupar un lugar muy alto en nuestra cabeza, más que el trabajo y que la propia realización. El amor y las creencias duelen pero dan una felicidad muy profunda y somos en parte responsables directos de la felicidad de los nuestros.

La familia no debe ser el refugio en donde nos encerramos a resguardo de la que está cayendo, sino el ámbito donde se aprende a darse a los demás, a encontrar razones para implicarse en la mejora de la sociedad, a vibrar y transmitir a los hijos los valores propios ayudándoles a descubrir los suyos.

Debemos ocupar el lugar que nos corresponde como primeros educadores. La función del Estado, de la Iglesia y la escuela es posterior al papel de padre; su fin es ayudarnos, nunca suplirnos. Es bueno que podamos elegir escuela, que entremos en ella participando en actos y concretando con el tutor de los hijos aquello en lo que pueden mejorar. No hace falta que ocurra una catástrofe para que un padre visite el colegio de sus hijos.

En esta línea, corresponde a los padres poner los medios para parar todo intento de adoctrinamiento de los hijos negándose con los medios oportunos a que se les impongan principios e ideas morales opuestas a las propias bajo el pretexto de educar ciudadanos. Es este un campo concreto para asociarse con otros padres y ejercer las presiones y medidas convenientes. Las sociedades en las que los ciudadanos son activos y defienden sus derechos son más libres y mejoran con el empeño común.

Como ciudadanos y trabajadores debemos luchar cada día por ser ejemplares, poniendo lo mejor que tenemos a disposición de los demás.

Tenemos que hacer la tradición atractiva, se trata de lo bueno que quedó de lo que fue progreso en su día. Unos buenos cimientos aseguran la calidad de la construcción; la familia es el lugar ideal para recuperar, potenciar y transmitir nuestras raíces familiares a las siguientes generaciones. Ellos tienen derecho a que así sea. En este sentido será útil poner en casa fotos de la familia, de los abuelos, y los bisabuelos, contar anécdotas, frases familiares, fomentar la tertulia familiar diaria. Debemos hacer de nuestro hogar el lugar al que se quiere volver, el lugar más importante de nuestra vida.

Tenemos que transmitir a nuestros hijos ideas por las que dar la vida, la alegría de darse a los demás, la satisfacción del deber cumplido. Ayudarles a adquirir compromisos y llevarlos adelante les apetezca o no, siendo amablemente exigentes.

Tenemos que hacer atractivo el empeño por ser mejores y para eso es necesario, como ya se ha dicho, volver a casa; buscando cada día un momento familiar sacrificando lo que haga falta.

Estamos obligados a ayudar a otros padres para que se formen, para que recuperen la dignidad de la paternidad y la maternidad. Debemos ser familias que ayudan a otras familias, abrir nuestros hogares y medios en los que nos movemos a quienes no saben lo que es una familia, a hijos únicos, a personas solas….. tenemos que enseñar nuevamente a la gente a disfrutar dándose, a sentirse queridos.

Por este camino camino la familia será verdaderamente el núcleo vertebrador de la sociedad civil y haremos del mundo un lugar más libre y humano.

Por Aníbal Cuevas. Tomado de su blog Ser Audaces.

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