La comparación nos lleva a la mediocridad

En mi constante búsqueda de información, una de mis categorías favoritas es la del marketing y los negocios (sí, La Mamá Oca no sólo lee sobre niños y su educación)… Actualmente estoy leyendo un libro titulado en inglés Small is the New Big de Seth Godin, un reconocido especialista en estos temas. Y uno de sus capítulos titulado Benchmarks: Mediocrity me hizo pensar mucho sobre cómo vivimos comparándonos eternamente con todo y todos; y cómo esto puede ser, también, destructivo cuando lo aplicamos a nuestros hijos. En este post me voy a tomar tres libertades:

  1. Prácticamente copiar dicho capítulo en una traducción personalizada.
  2. Escribir un post largo, que espero les sirva.
  3. Pedirle a los que lo leen que piensen en su vida cotidiana, como seres individuales y como padres.

Antes de empezar con la cuasi transcripción de dicho capítulo, voy a poner la definición que da Wikipedia a la palabra Benchmarking:

“El benchmarking es un anglicismo que, en las ciencias de la administración de empresas, puede definirse como un proceso sistemático y continuo para evaluar comparativamente los productos, servicios y procesos de trabajo en organizaciones. Consiste en tomar “comparadores” o benchmarks a aquellos productos, servicios y procesos de trabajo que pertenezcan a organizaciones que evidencien las mejores prácticas sobre el área de interés, con el propósito de transferir el conocimiento de las mejores prácticas y su aplicación”.

Y ahora sí, algunos puntos importantes que señala Godin  (voy a usar la palabra “benchmark” en inglés):

“Puedo benchmark todo ahora. Puedo benchmark mi rutina de ejercicios matutina. La faja para correr me dice si hoy mis ejercicios fueron un récord personal. Aún mejor, puedo ir online y comparar mi rutina a los esfuerzos de miles de otras personas. (…) Puedo ver el status de mis libros en Amazon, comparando sus ventas a todos los publicados en inglés, y luego chequear JungleScan.com, donde puedo rastrear los resultados de los libros en los últimos 90 días.

El problema con el “benchmarking” es que nada salvo la continua mejora (excepto tal vez por resultados espectaculares) satisfacen mucho. ¿Quién quiere saber que nunca más será capaz de ganar su propio tiempo en el remo? ¿Qué empresario quiere aceptar el hecho que el tiempo de espera en su nuevo restaurante de franquicia está 20% por detrás del líder y que no hay forma obvia de mejorarlo?

Nuestro mundo interconectado nos permite ser selectivo. Podemos querer un esposo que sea tan alto como ese chico, tan rico como ese otro, y tan leal como mi cuñado. Podemos pedir un departamento que esté justo en la locación correcta, con la vista correcta y con la renta correcta, y luego rechazarlo porque la alfombra no es tan linda como la del edificio de al lado. (…).

En los viejos tiempos, la data era más difícil de obtener. No sabías todo de todo el mundo. Todas las opciones no estaban justo ahí, puestas en Froogle y comparadas por Epinions.com. No teníamos reality shows en TV donde cada componente de la presentación de un cantante (…) es cuidadosamente comparado.

Sí, el benchmarking es increíble. El benchmarking es la razón por la que los carros son mucho mejores en los últimos 20 años. El benchmarking tiene la habilidad de hacer lo mediocre mejor que el promedio, y nos empuja a superarnos a nosotros mismos y a los otros.

Pero nos estresa. (…) Es duro ser el número uno, y más duro aún cuando el universo contra el que decidimos medirnos es tan vasto. (…).

Además del estrés que crea, benchmarking contra el universo nos fomenta a ser mediocre, a ser promedio, a hacer lo que los demás están haciendo. Los que inventaron el Mini (o la Hummer) no hicieron benchmark en el camino a la vanguardia. Compararse con otros carros nunca lo hubiese llevado a esas excepciones. Lo que realmente funciona no es buscar que cada pequeña cosa esté más alto que los estándares usuales –lo que funciona es que todo sea lo suficientemente bueno, y que uno o dos elementos de un producto o servicio sea increíble.

Por eso, yo oficialmente lo dejo ir. Voy a parar de comparar todo con mis mejores momentos, con tus mejores momentos, con los mejores momentos de todos. Pararé de chequear Amazon. En lugar de benchmark todo, de repente ganamos cuando aceptamos que lo mejor que podemos hacer es lo mejor que podemos hacer y luego trataremos de encontrar el coraje de hacer una cosa que sea notable”.

Por La Mamá Oca

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