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Recompensas inmateriales para premiar la buena conducta de nuestros hijos.

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Artículo escrito por Sara Tarrés Corominas del blog Mi mamá es psicóloga infantil

¿No se te ocurre con qué premiar la buena conducta de tu hijo y solo piensas en cosas materiales y en comprar una cosa tras otra? ¿Te has planteado si eso es lo correcto o si de este modo estás  comprando el buen comportamiento de tus niños? Probablemente si estás leyendo este artículo es que andas buscando con qué premiar o recompensar de un modo inmaterial a tu hijo por lo que está haciendo.

Si es así, en esta entrada encontrarás algo de lo que buscas ya que te doy algunas ideas para que premies el buen comportamiento de tus niños sin que debas gastar ni un solo céntimo, y sin promover el consumismo que impregna nuestra sociedad y cultura. Lo único que requiere, eso sí,  es tu tiempo y tu paciencia, que es en definitiva lo mejor que les puedes entregar a tus hijos.Evidentemente, dependiendo de la edad de tu hijo, deberás adaptarte y encontrar la que mejor se ajuste a su nivel evolutivo. Pero todas estas recompensas inmateriales proporcionarán más placer que cualquier juguete cuando de niños pequeños hablamos, ya que lo que más ansían y desean es la atención y el tiempo compartido con nosotros, sus padres.Estas recompensas inmateriales las podemos utilizar como premios cuando utilizamos las tan comentadas y utilizadas economías de fichas o tablas de incentivos.

¿Qué tipo de recompensas inmateriales puedo utilizar para premiar la conducta de mi hijo?
Podemos utilizar multitud de recursos y premios inmateriales, se trata de ponerle un poco de imaginación y sobretodo de conocer a nuestro hijos para saber qué es lo que más le puede motivar y gustar.  Yo he ido anotando algunas que me parecen adecuadas para una gran cantidad de niños y niñas, tu puedes proponer las tuyas.

  • un beso,
  • una sonrisa,
  • un te quiero,
  • cualquier elogio,
  • un guiño,
  • pegar un gomet,
  • dibujarle una cara contenta en la mano,
  • pegarle una estrella o un sol sonriente,
  • pasar una tarde viendo películas y comiendo palomitas,
  • una tarde preparando un pastel,
  • una salida en bici,
  • una tarde en el parque,
  • prepararle su postre o plato favorito,
  • jugar con él a su juego preferido,
  • contarle un cuento,
  • un partido de fútbol o baloncesto con papá o mamá,
  • que sea el protagonista del día,
  • realizar muñecos de plastilina junto a él,
  • montar un álbum de fotos en las que aparezca él y explicarle qué ocurría en cada una de las escenas,
  • bailar con ellos, ponerles su música preferida y bailotear un rato,
  • disfrazarse y montar un teatrillo,
Foto cortesía de http://www.freedigitalphotos.net
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Premiar la buena conducta de nuestros hijos

ELOGIOArtículo escrito por Sara Tarrés del blog Mi mamá es psicóloga infantil

Este artículo habla sobre los premios y qué tipo de premios debemos utilizar los padres con nuestros hijos, si es bueno o no premiar las conductas o estamos acostumbrando a los niños a obedecer a base de obtener obsequios y regalos, convirtiendo a nuestros hijos en unos perfectos chantajistas.

Muchas veces cuando hablamos de disciplina y  de premiar conductas se nos viene a la mente comprar algún regalito o chuchería para nuestros niños, olvidando que el mejor regalo que podemos ofrecerles a nuestros hijos son los premios inmateriales :

  • los elogios,
  • las risas compartidas,
  • el tiempo que disfrutamos juntos jugando o viendo una película,
  • un beso o un abrazo.
 El elogio es uno de los mejores recursos que tenemos los padres pero debemos saber utilizarlo correctamente para que sea efectivo. Recordemos las condiciones que debe cumplir para que realmente funcione.
  1. el elogio debe ser sincero y espontáneo. No debemos utilizarlo con nuestros hijos como forma de manipulación ni como chantaje.
  2. No debe ser exagerado ni artificial
  3. Utilizarlo en su justa medida, es decir, intentar buscar un punto medio en su uso, si lo utilizamos demasiado se desgasta y ya no es motivador. Si nos pasamos todo el día diciendo “¡muy bien!” llegará un momento que nuestro hijo ya no mostrará ningún interés.
  4. Describir claramente qué es lo que estamos elogiando, así podemos decir a nuestro hijo ” Qué bien estás jugando con las piezas de construcción” en lugar de un simple “¡muy bien!” o “Te has portado muy bien”. Cuanto más claros seamos mejor.
Estos son lo mejores premios que podemos brindar a nuestros niños, premios inmateriales que a la vez refuerzan su autoestima y les hace saber que lo que hacen está bien.

Es cierto también que a veces los premios materiales pueden ser oportunos de vez en cuando, como por ejemplo prepararles una comida especial que sabemos que les gusta mucho o llevarles al zoo o al cine por haber hecho algo muy bien.

Si los premios materiales no se convierten en una costumbre o una obligación no hay ningún inconveniente en utilizarlos de forma puntual para reforzar una buena conducta, como  por ejemplo comprarle un libro después de pasar por un mal momento (ir al médico). De este modo es poco probable que nuestro hijo se acostumbre a obedecer simplemente para que le compremos cosas.

No olvidemos que a todos nos gusta que nos hagan regalos, ya que es una forma de mostrar afecto y reconocimiento y no tiene porqué crear malos hábitos.

Como siempre el sentido común es el mejor consejero. El objetivo es que el niño se sienta satisfecho y orgulloso de su buen comportamiento y que en un futuro sepa cómo comportarse por el mero hecho de saber que esa es la forma correcta de actuar.

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¿Por qué mi hijo empezó a mentir?

Artículo escrito por Sara Tarrés del Blog Mi mamá es Psicóloga Infantil

Un buen día, sin saber cómo nuestro hijo nos salta con una “mentirijilla”. Nada importante ni nada grave, algo intrascendente y totalmente inocente, porqué las primeras mentiras juegan un importante papel experimental y exploratorio y nada tienen que ver con un supuesto signo de maldad.

Cuando nos intentan engañar o juegan a mantener un secreto, nuestros niños están comprobando que su mundo interno y el nuestro son diferentes. Están constatando que sus pensamientos son suyos y que si quieren los comparten o no. Es aquí cuando descubren que el engaño es posible, que cuando se habla hay que tener en cuenta lo que el otro sabe y lo que no. Esto supone un hito muy importante en el desarrollo cognitivo, ya que constituye un primer paso hacia la superación del egocentrismo infantil y la comprensión del mundo interpersonal.

De los 3 a los 5 años deberíamos evitar llamarles mentirosos o ponerlos en ridículo, debemos tener cierta tolerancia y algo de complicidad con algunas “mentirijillas” como cuando nos dicen que su peluche preferido les ha dicho que hoy cenaríamos “chuches” y que luego dormiría con mamá. Este tipo de mentiras son parte de la fantasía del niño de esta edad.

En cambio, las mentiras que tienen por objetivo evitar ser regañado, el típico “yo no he sido, ha sido él” han de ser tratadas también sin ponernos nerviosos y llamarle mentiroso pero hemos de hacerle saber claramente que no aprobamos las mentiras, que hay que ser sincero y que es importante explicar siempre la verdad. Si nosotros no utilizamos nunca la mentira con nuestros hijos ellos aprenderán más rápido la importancia de este concepto.

Los padres, abuelos también, debemos evitar mentir o engañar a nuestros hijos ya que generan desconfianza e imitación, a parte de proporcionar una visión deformada de la realidad y del mundo en el que viven. Esto no significa que algunas informaciones no puedan darse de un modo diferente en función de la edad y que obviamente no siempre será posible explicarles todo, en algunas ocasiones tendremos que callar o ocultarles algunas informaciones.

Cuando el niño nos miente ocasionalmente no tiene excesiva importancia, es cuando estas mentiras se repiten una y otra vez. En estos casos los padres debemos preguntarnos el motivo, la causa, el porqué. ¿Utilizamos las mentiras o somos poco sinceros con nuestros hijos dándoles mal ejemplo? ¿Basamos su educación en el castigo, las reprimendas y la culpa? Ante estas preguntas debemos tener en cuenta que es muy difícil exigirle a un niño sinceridad si está creciendo en un ambiente que le genera temor o culpa, y le engañan frecuentemente.

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5 palabras mágicas que hay que decirles a nuestros hijos

Artículo escrito por Sara Tarrés del blog Mi mamá es psicóloga infantil

Seguro que queremos que nuestros hijos sean educados, pidan las cosas por favor, den las gracias, sepan pedir perdón, decir lo siento cuando se equivoquen y tantas otras cosas por el estilo.

Eso es lo que queremos la gran mayoría de padres, pero también muchos de nosotros nos olvidamos de que este tipo de cosas se aprenden día a día, y que la mejor manera de enseñarlas es siendo nosotros su mejor ejemplo.

Aun recuerdo la primera vez que mi hijo mayor, de ahora 4 años, me dijo “mami t’estimo molt” (“mami te quiero mucho”). Íbamos a salir, él tenía a penas unos dos años. Estaba sentado en su silla de paseo, con la chaqueta puesta , yo buscaba las llaves de la puerta y … oí su vocecilla decir esta mágica frase “mami t’estimo molt”. Y es que no hay día que no les diga a cada uno de mis hijos cuánto les quiero, sin motivo, sin un por qué, sin ser necesario que se hayan portado bien o hayan hecho algo concreto. Sin más, un te quiero nunca sobra al igual que un por favor.

¿Quieres que te pidan las cosas por favor y te den las gracias? Sé tú el primero en hacerlo. Los ejemplos serían tantos que por poner uno pondré el siguiente: cuando le pido a mi hijo mayor que me ayude a recoger los juguetes se lo pido siempre por favor y tras haber acabado, siempre hay un “gracias amor” o “gracias cariño”. El gota a gota diario va dando sus frutos, cuesta, es cierto, pero la constancia y el no caer en el desánimo son las mejores herramientas.

¿Te has equivocado? ¿Le has reñido sin motivo, tu castigo ha sido excesivo, le has levantado demasiado la voz….? No te sientas mal ni débil por reconocer que te has equivocado, pídele perdón. Hazle saber lo importante que es reconocer los errores y que lo sientes de verdad.

La mejor manera de educar en valores positivos es predicar con el ejemplo.

Más sobre:

Sara Tarrés

Educación de Virtudes

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Nervios navideños en los niños

Artículo escrito por Sara Tarrés del blog Mi mamá es psicóloga infantil

La Navidad es un momento especial, sobre todo para los niños. Es una época que llena de magia el mundo interior de los más pequeños, sobre todo a partir de los 2 – 3 años.

En el cole o en la escuela infantil trabajan estos conceptos, preparan festivales, realizan fichas o trabajos manuales relacionados con la Navidad. Y, lógicamente, durante todo este periodo preparatorio los niños van alterándose poquito a poquito. Su nerviosismo crece y se alimenta día a día. Y es que es normal, lógico y esperable en niños de entre 2 y 6 años.

 Están emocionados, nerviosos, intranquilos, alterados, preguntando cuanto falta para Navidad y si ha llegado ya Papá Noel. Por otro lado, la publicidad en televisión también contribuye a este nerviosismo, desde primera hora de la mañana hasta la última de la tarde hay publicidad dirigida a los más pequeños. Publicidad cargada de juguetes que captan la atención de nuestros niños y que ilusionados con todo lo que ven exclaman:

“yo quiero esto, mami”, “voy a pedir aquello a los Reyes”, “¿Por qué no hacemos la carta a los Reyes Magos hoy, mami.?”, “¿Y cuando van a venir?, tenemos que prepararles comida”, ….

Y así una interminable lista de frases con el yo quiero y cuánto falta para.

Papás, mamás y educadores debemos cargarnos de mucha tranquilidad y paciencia, porqué durante estos días los niños se comportarán de un modo diferente, exaltados, nerviosos, a veces incontrolables … No lo pueden evitar. Pero con esto no quiero decir que no debamos seguir manteniendo las normas y los límites claros, solo que podemos y debemos ser algo más tolerantes y flexibles, permitirles que descarguen su intranquilidad y nerviosismo de un modo adecuado: dejar que canten todo aquello que quieran, toquen la pandereta si les apetece (sin molestar a nadie, claro está), que salten y brinquen, que corran o bailen.

Estos son unos días muy especiales para ellos, algunos están preparando con mucha ilusión su festival de Navidad y, los adultos debemos ser conscientes que toda esta preparación más las luces que iluminan ahora las calles de las ciudades y pueblos, más la publicidad en televisión y el aire navideño que ya se empieza a respirar por doquier altera a nuestros hijos sin que podamos evitarlo del todo.

Paciencia, la Navidad es una vez al año y merece la pena que los pequeños la disfruten con toda su magia.

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