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Padres que no pasan tiempo con sus hijos, le compran más regalos en Navidad

Si eres de aquellos padres que por mucho trabajo u otros motivos no pasa mucho tiempo con sus hijos, no trates de arreglarlo con los regalos. “La Navidad no es un tiempo de remordimientos, ni de permisibilidad, ni de manipulación”, explica la pedagoga y experta en educación Elena Roger Gamir. Ella aconseja a los padres a la hora de elegir el regalo de Navidad para sus hijos que lo hagan con la mente despejada y no con culpa. “Los regalos nunca suplirán la falta de tiempo o atención con tu hijo”. A los niños no se les puede sobornar. Puedes distraerlo por un tiempo de sus carencias con un regalo costoso o grande, pero después estas volverán con fuerza.

Los chicos se tienden a volver posesivos y egoístas mientras más tienen. Por ello Roger aconseja que, cuando tu hijo quiera algo, primero lo contrastes con tus objetivos educativos. No le compres todo lo que puso en su lista de regalos, quizá muy extensa. Si permites que tu hijo no valore lo que tiene y se vuelva egoísta, será una persona infeliz.

En estos días de compras de regalos, pregúntate a ti mismo qué es lo que tu hijo de verdad quiere y necesita. Muchos de los chicos desean gozar de más tiempo íntimo con sus padres. Si tu hijo no quiere esto es porque ya pasa una buena cantidad de horas contigo, y tiempo de calidad, o, por el contrario, ya se acostumbró a prescindir de ti, “lo cual es muy triste”, afirma la educadora.

La Navidad y las vacas flacas

A veces los padres no contamos con dinero para hacer regalos. Si este es tu caso, no te endeudes, “no hay dinero ¡y punto!”, recuerda Roger. Según ella, el mejor regalo que le puedes dar es acostumbrarlos a aceptar lo que tienen. Todos en casa debemos abrocharnos el cinturón cuando hay una crisis y aceptar animados y con ilusión lo que se pueda regalar. Jugar con tu hijo es un mejor regalo que un juguete, pero tendrías que ser constante.

Si el niño no recibe el regalo que quería, le molestará, pero sobrevivirá. No será traumático, así que no te preocupes. Los niños son capaces de aceptar las desilusiones de la vida, y se sentirán mal, pero no te sientas culpable. Si le das mucho cariño, la pasará mejor.

Qué tipo de regalo buscar

Recuerda que la Navidad no es excusa para permitirle a tus hijos aquello que durante el año prefieres que no hagan. Cuando elijas un regalo, solo dale cosas que de alguna forma lo hagan mejor persona. Los niños y los adolescentes a veces no tienen mucho criterio a la hora de pedir, así que tú, como padre o madre, eres el que establece los límites.

Fuente:  Todoparalafamilia.com. Elena Roger Gamir es experta del Gabinete Pedagógico SoloHijos.com.

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“Le he empezado a decir a mis hijas que soy bella”

Autoestima

@mafalda

Los hijos siempre son la cosa más bella que haya visto este mundo. Sus caras redondas, su piel perfecta, el labio superior gordito… “Son aquello de lo que está hecha la belleza”, cuenta Amanda King, autora del blog Last Mom on Earth. Y ellos lo saben, se los decimos todo el tiempo: “eres hermosa”, “eres un churro”.

A sus ojitos, su madre también es bella. Su madre es calidez, protección y belleza. Sin embargo, qué contradicción más terrible, cuando la madre no se considera bella, y odia su imagen en el espejo. Esa niñita o ese niñito crecerá escuchando a su madre decir “qué gorda estoy”, “qué fea me veo”, “ella sí es perfecta, yo no”; o la verá haciendo dietas sufridas, porque nunca está conforme con su cuerpo.

Qué confuso es para los hijos, tan seguros de la belleza de su mamá, que ella les diga con su actitud: “tú crees que soy bella, pero estás equivocado. Tú eres pequeño y me amas, pero no eres todavía suficientemente inteligente para saber que soy poco atractiva. Sé que soy fea, porque me miro con ojos crueles”.

Todos esas publicidades a los que estamos expuestos, con mujeres ‘arregladas’ por el PhotoShop; esos programas de televisión con chicas ultraflacas y siempre jóvenes tampoco ayudan, porque se les da un mensaje de falsa perfección y belleza a nuestros hijos.

Así que Amanda King decidió decirles a sus hijas que ella también es bella. “Mírenme, niñas, miren qué bella soy, hoy me siento muy bella”, les dijo. Y las niñas no mostraron sorpresa, porque ya lo sabían.

“No quiero que mis hijas sean niñas que son perfectas y luego, cuando comiencen a sentirse como mujeres, se acuerden cómo su madre se consideraba fea y así ellas también lo serán. Ellas van a envejecer y sus pechos perderán su forma y ellas odiarán sus cuerpos, porque eso es lo que las mujeres hacen. Eso fue lo que mami hizo. Quiero que ellas se conviertan en mujeres que me recuerden modelando una belleza imposible. Modelando belleza en la cara de un mundo cruel y aterrador”.

Los niños deben saber que hay belleza en todos y su madre debe ser el primer modelo. Si les enseñamos a nuestros hijos a no ser crueles con otras personas, visiblemente diferentes, pero somos crueles con nosotras mismas, estamos dándole mensajes contrarios. Pero para decirles que su mamá es bella, hay que creerlo de verdad.

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¿Qué se puede hacer con el dinero?-III parte

Enseñar a ahorrar el dinero

La costumbre de ahorrar es formativa porque ayuda a relacionar el esfuerzo con el resultado obtenido y también porque permite gastos en objetos que realmente tienen mayor valor intrínseco.

Aunque sea poco, conviene orientar a los hijos pequeños en este sentido para que vayan desarrollando el hábito. Con los adolescentes se tratará de mostrarles la utilidad de la operación.

Enseñar a dar

Con el planteamiento que hemos hecho ahora, es posible que logremos una eficacia muy grande en el uso del dinero pero, a su vez, unos hijos bastante egoístas pensando nada más que en sus propias necesidades.

Conviene que se den cuenta de las necesidades de los demás y que reconozcan su deber de ayudarles en la medida de sus posibilidades.

Todo lo que hemos sugerido depende del hecho de que el hijo disponga de dinero. Creemos que es educativo que dispongan de ciertas cantidades de acuerdo con los objetivos marcados. Se puede entregar una cantidad al hijo regularmente o lograr que ingrese unas cantidades como consecuencia de su trabajo.

El presupuesto

Los niños pequeños dispondrán seguramente de una pequeña cantidad para gastar en un momento determinado –en chucherías el domingo, por ejemplo–. En cambio, cuando llegan a la adolescencia es posible que se plantee una cantidad mensual que puede estar prevista para cubrir determinados tipos de gastos.

Para algunos hijos se puede incluir una cantidad que luego gastan en su ropa, diversiones, regalos de cumpleaños, para su familia y sus amigos, etc. Sin embargo, hay otros que no han aprendido a administrar el dinero bien y, por tanto, conviene seguir con entregas parciales.

La cantidad que se entregue debe ser proporcionada a las necesidades reales de los hijos y a los tipos de gastos que se acuerdan. La meta es lograr que los hijos sepan utilizar su dinero responsablemente antes de marcharse de casa.

Habría que llamar la atención a dos tipos de padres: aquellos que entregan unas cantidades grandes de dinero a sus hijos de tal manera que no hacen más que estimular el gasto caprichoso y aquellos que controlan todo tipo de gasto y así no permiten que sus hijos aprendan a manejar el dinero responsablemente.

Con este esfuerzo de los padres pueden aprovechar el manejo del dinero como medio de vida y de formación práctica para cuando quieran fundar un hogar.

En resumen se trata de:

  1. Enseñarles a valorar lo que poseen y lo que pueden poseer.
  2. Enseñarles a dominar sus caprichos con más o menos alegría.
  3. Enseñarles a reconocer las necesidades de los demás en comparación con las propias.
  4. Enseñarles a reflexionar sobre el por qué de sus gastos.

David Isaacs y María Luisa Abril- “Familias Contra Corriente”

Colección Hacer Familia

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¿Qué se puede hacer con el dinero?- II Parte

Enseñar a ganar dinero

Una manera eficaz de enseñar el valor de las cosas es poner al hijo en la situación de poder ganar dinero de tal manera que pueda relacionar el esfuerzo que pone con los resultados obtenidos. Ya hemos dicho que a veces no es fácil encontrar estos trabajos pero si es posible, en un ambiente adecuado, puede ser muy útil.

También es posible que los hijos ganen algún dinero en la familia. Desde luego no conviene gratificar la realización de actividades que corresponden a su deber habitual. Por ejemplo, suele ser contraproducente pagar las calificaciones buenas que traen del colegio o el cumplimiento de encargos en la casa. Sin embargo, puede considerarse razonable, o incluso educativo, gratificar algún esfuerzo especial. Por ejemplo, el pintar una habitación, arreglar el trastero, limpiar ventanas u ocuparse de los hijos de algún hermano mayor.

 El fin principal de este planteamiento es que el hijo valore el esfuerzo que le ha costado en relación al dinero que le han dado y a su vez, relacionar esfuerzo-dinero, con lo que cuestan las cosas que quisiera adquirir. La desproporción les va a sorprender tan desagradablemente como a nosotros y hará que nos comprendan mejor. También encontrará mayor satisfacción en una adquisición si ha tenido que esperar y esforzarse para lograrla.

 Enseñar a gastar el dinero

El problema de cómo gastar el dinero es muy diferente de acuerdo con la procedencia de los ingresos.

Si los padres habitualmente entregan cantidades importantes de dinero a sus hijos es probable que lo gasten caprichosamente.

Si no reciben una orientación sobre la manera en que pueden utilizar su dinero, también puede suceder lo mismo. Los padres pueden controlar el dinero que ellos aportan pero es más difícil controlar ingresos obtenidos o por trabajo o fuera de la casa o de los abuelos u otros parientes.

 En todos los casos hará falta una orientación.

 Los tipos de preguntas que se pueden hacer los hijos respecto al gasto de su dinero son:

  1. ¿Cuál es el motivo real del gasto?
  2. En caso de no adquirir tal objeto, ¿te sentirías muy triste? ¿Por qué?
  3. ¿Has pensado en alternativas menos costosas antes de determinar el gasto?

David Isaacs y María Luisa Abril- “Familias Contra Corriente”

Colección Hacer Familia

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¿Qué se puede hacer con el dinero? I Parte

Si ustedes han contestado la pregunta seguramente han pensado en:  GASTARLO.

Nadie suele decir “ahorrarlo”, “regalarlo”, “invertirlo”, ni siquiera “ganarlo”. Por eso es tan importante pensar en este medio en la educación de los jóvenes. El dinero es un medio importante. Existe. Se puede utilizar el dinero bien o se puede gastarlo mal. En este campo tendrán que ser especialmente valientes para buscar el bien de sus hijos.

Vamos a considerar los distintos aspectos que hemos mencionado con referencia a la educación de los hijos. Pero hay un aspecto previo. Se trata de: enseñar a los hijos a valorar los recursos materiales.

Conocer el valor de las cosas

Para conocer el valor de las cosas habrá que centrar la atención de los hijos en dos aspectos complementarios:

  1. El valor en el sentido de su relación con unos fines que valen la pena.
  2. El valor en el sentido de cuánto dinero cuestan las cosas.

El primero requiere que los padres ayuden a sus hijos a descubrir el sentido de los objetos materiales. Algunos ejemplos sencillos pero relevantes son:

UN ABRIGO:

–       es para dar calor y conviene que sea apropiado al tipo de uso;

–       no es para llevar la etiqueta de una marca determinada y así quedar igual o superior a los demás compañeros.

UN EQUIPO DE SKI:

–       es para practicar el deporte con cierta seriedad, que sea seguro y práctico;

–       no es para socializar en la nieve o para usar caprichosa, alguna vez.

 UN ORDENADOR:

–       es para aprender a utilizar unos programas que pueden ser útiles para el trabajo;

–       no es para jugar.

 UN MEDIO DE TRANSPORTE:

–       es para resolver dificultades de transporte más o menos insuperables;

–       no es para trasladarse de un sitio a otro, caprichosa y cómodamente.

 También hay objetos materiales que difícilmente pueden relacionarse con algún tipo de objetivo educativo. Por ejemplo, videojuegos, televisores personales, o motos.

 El valor en el sentido de cuánto dinero cuesta, significa que los hijos necesitan aprender a relacionar el precio de las cosas con el presupuesto familiar y a su vez con el tiempo que cuesta ganarlo (¿es mejor tener dinero o tener más tiempo con los padres).

 De acuerdo con su edad y con su madurez (no se trata de atosigar a algún hijo especialmente sensible) convendrá explicar el presupuesto familiar y que los hijos sepan lo que vale la comida y otros gastos habituales.

 Luego estarán en mejores condiciones de juzgar respecto a sus propias necesidades, si son auténticas necesidades o simplemente caprichos, o siendo útiles no se justifican dentro del contexto del presupuesto familiar.

David Isaacs y María Luisa Abril- “Familias Contra Corriente”

Colección Hacer Familia

Foto: kongsky

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