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Cómo educar a un hijo único

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Ya sea porque no tiene hermanos o porque sus hermanos mayores le llevan muchos años, un hijo único tiene una situación psicológica particular. Y los padres debemos ser conscientes de ello.

Un hijo único vive rodeado de privilegios y atenciones constantes, y esto puede convertirlo en una persona insegura y débil. Sin embargo, esto se puede evitar si es que los padres realizan una labor educadora ardua, evitando que el niño no se vuelva muy apegado a ellos o desarrolle una personalidad caprichosa.

¿Problemas a la hora de sociabilizar?

Esta es la primera preocupación de todo padres con un hijo único. Cuando tu hijo es un bebé, no hay mucha socialización de por medio, ya que de chiquitos tienden a ser más bien egoístas, buscando a los otros para satisfacer sus necesidades. Y es lo natural. Es a partir de los dos años cuando el niño comienza a ver qué puede aportar al otro y lo que el otro le puede aportar a él, tanto si se trata de niños de su edad o de adultos.

Por ello, la socialización no depende de si el niño tiene hermanos o no, sino más bien de los momentos en los que se relaciona con otras personas en general. Si tiene hermanos, la socialización estará garantizada. Pero si está rodeado de mucha gente, como primos, amigos, compañeros en actividades extracurriculares, etc., la socialización también se dará.

Tener un hijo único tiene sus ventajas. Como padres, todos nuestros recursos van a él, tanto los materiales como los personales. Es más fácil ayudarlo a mejorar, porque ponemos nuestra atención solo en él. Tampoco tenemos que repartir nuestros recursos materiales en varios hijo, así podemos darle más oportunidades de desarrollo profesional.

Sin embargo, esto no significa que tener varios hijos es estar en desventaja. Se necesita aprender a repartir bien nuestro tiempo, dedicación y recursos materiales, y los niños criados en familia numerosas tienen la ventaja de saber qué es la convivencia más rápido, compartir, tomar turnos, preocuparse por el otro, entretenerse, no depender tanto de la atención de los padres, entre otros..

¿Soledad?

Para que el hijo único no se sienta solo, los padres tienen que hacer el esfuerzo para ofrecerle a su pequeño una vida rica en relaciones sociales. El chico va a relacionarse con otros niños fuera de casa, así que los padres debemos prestar atención y establecer normas.

Hay que estar muy cerca del niño para conocer a sus amigos, saber qué tipo de dinámica tiene con ellos, si es líder o si se deja llevar, si es conflictivo o se lleva fácil con los amigos. Por ello es bueno invitarlos a la casa y ver cómo se porta con ellos. Esta información nos ayudará a educar al hijo único en el plano social.

Errores comunes

El error más común a la hora de criar un hijo único es la sobreprotección. Sin otros hijos, es normal dedicarle toda nuestra atención al hijo único, pero a veces puede ser demasiado. Al niño que no tiene hermanos hay que darle la atención y los recursos que necesita, ni más ni menos. Los padres tienen que ayudarlo a convertirse en una persona autónoma, hacer que se esfuerce, que aprenda que las cosas se consiguen con esfuerzo. Si se le da todo, se convertirá en un niño caprichoso.

También se le debe educar en la generosidad. Tiene aprender a preocuparse por el resto y a reconocer las necesidades ajenas.

Y hay que tener cuidado con criar un niño con el autoestima exagerado. No hay que llenarlo de halagos solo porque sí. Debemos ser justos a la hora de reconocer sus talentos y virtudes, para que el chico no crezca sintiéndose superior al resto.

(Fuente: Artículo Educar al hijo único, de Conchita Requero. Revista Hacer Familia)

Foto: http://www.freedigitalphotos.net

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10 consejos para criar hermanas que se lleven bien

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Las chicas son muy competitivas, incluso entre hermanas. Pero nosotros, como padres, podemos ayudarlas a llevarse bien. Sigue estos 10 consejos para que tus hijas tengan una mejor relación.

No compares sus logros: Por más que se trate de algo pequeño como ‘Sofía se comió toda su cena, ¿por qué tu no puedes terminar?’ o algo más grande como ‘Andrea se sacó puros 20, 3 medallas de oro en los Juegos Olímpicos del colegio y fundó una ONG para ayudar a perros huérfanos, ¿por qué tu no puedes sacarte buenas notas?’, comparar no va a ayudarlas. Tus hijas ya son de por sí muy competitivas entre ellas, como para que encima le eches más leña al fuego. Además, solo porque las personas nacen con los mismo padres no quiere decir que sus personalidades tengan algo en común.

Evita etiquetarlas: La bonita, la inteligente, la deportista, la graciosa, la hija perfecta, la estropeada. Es difícil evitar ser etiquetados mientras se crece, pero la última cosa que una niña necesita es oírlo de sus propios padres, quienes supuestamente son los que la conocen mejor que nadie.

La niñez y la adolescencia, sobre todo ésta, se tratan de averiguar quién eres. Al darle a nuestras hijas la respuesta antes de que lo sepan por ellas mismas, corremos el riesgo de limitar su crecimiento y desarrollo, y su felicidad. Por ejemplo, si a tu hija le haces creer que ella es “la linda”, puede no esforzarse académicamente, ya que su hermana es “la de las notas altas” y no ella. Si constantemente les dice a tu hija que es “la graciosa”, cuando se vea obligada a hacerle frente a una situación difícil, ella podría sentir como si no se le permitiese estar triste.

Diles que estás muy orgulloso: La infancia es también una época de inseguridad, y los elogios de mamá y papá significan el mundo, incluso si tus hijas tienen la edad suficiente para pretender que no les importa lo que pienses. Sólo asegúrate de prodigar los elogios de manera uniforme, a todas tus hijas por igual. Por otra parte, si una de ellas es aparentemente mejor en todo, encuentra momentos en los que las otras chicas están sobresaliendo y diles lo orgulloso que te hacen. Además, a veces los elogios funcionan como profecía autocumplida.

Anímalas a realizar diferentes actividades extracurriculares: Si una hija muestra una inclinación natural por el violín, inicia a tu otra hija en otro instrumento, como la guitarra. Si a una le gusta el vóley, alienta a la otra para que practique básquet. Sería bueno evitarles episodios tipo Venus y Serena Williams, para que tus hijas no terminen peleando por los primeros puestos. Ellas están encontrando sus propias identidades, y los gustos e intereses únicos son claves para esta etapa. La diferenciación también servirá como un inhibidor natural de la rivalidad.

Pasa tiempo con cada una por separado: Incluso si tu horario de trabajo es horrible, hazte un tiempo para cada uno de tus hijos. Pero que estos momentos sean especiales. Anda a tomar un café con una de tus hijas y conversen sobre cómo le está yendo. Hornea galletas con la otra y hablen. Todo el mundo necesita sentirse especial. Si tus hijas siempre tienen a la otra hermana al costado cuando están contigo, no van a sentirse tan especiales.

Sé siempre neutral: Oh sí, peleas habrán. Pero no asumas que la que llora más fuerte es la víctima. A menos que haya huellas de mordeduras o marcas de quemaduras que demuestren la culpabilidad de una, ten presente que ambas contribuyeron por igual a la pelea y las dos tienen la culpa. Si todavía son pequeñas, recuérdales con tono firme que el uso de puños, uñas, dientes y/o pies es inaceptable en una discusión. Si ya son más grandes, y a menos que la situación se salga de control, déjalas resolver el problema por sí mismas.

Divide y vencerás: Todo el mundo necesita tiempo a solas, incluyendo tus hijas, sobre todo los fines de semana y feriados. Los fines de semana, designa una hora en la que todo el mundo tenga que hacer algo por sí mismo, leer, jugar, ejercitarse, hacer tareas. Si no puedes ponerlas en diferentes pisos de la casa, ponlas en cuartos separados en el departamento. Si tus hijas comparten el cuarto, entonces que se turnen. La separación física por unas horas hará que tus hijas se extrañen y pasen mejor los momentos en los que deben estar juntas.

Promueve actividades compartidas: Tus hijas también se beneficiarán de tener intereses y actividades en común, incluso si eso significa ver a la otra jugar un juego en el iPad o la compu de la familia. (Por lo menos van a estar sentadas una al lado de la otra sin discutir). Algunos psicólogos han postulado que las relaciones entre hermanos, sobre todo cuando son cercanos en edad, son esencialmente como primeros matrimonios. Como tal, tus hijas se necesitan mutuamente para aprender el arte del compromiso, de tomar turnos, y de discutir con argumentos.

Limita pasar ropa de la mayor a la menor: Es cierto que es una práctica económica, pero tu hija menor tiene tanto derecho como la mayor de gozar de cosas nuevas, especialmente ropa. La ropa para las niñas es muy importante, así que tu hija menor herede solo la ropa de su hermana mayor que esté en excelente estado y que también reciba cosas compradas especialmente para ella.

No tengas favoritos: Es muy humano llevarte mejor con algunas personas. Pero cuando se trata de tus hijas, incluso si una te hace muchos problemas y la otra es un pan de Dios, reconoce que cada una es especial a su manera. Esto también significa no convertir a una en tu confidente, con frases como: “no le digas a tu hermana, pero…”. Tu secreto no va a durar, porque tu hija podría jactarse frente a la otra de que tiene tu confianza y ésta va a pensar que la quieres menos. Guarda tus confesiones para alguien de tu misma edad. Por mucho que las amas, tus hijas no son tus mejores amigas. Lo serán cuando se conviertan en adultas.

Fuente: Lucinda Rosenfeld, autora del libro “The Pretty One”, para The Huffington Post

Foto: http://www.freedigitalphotos.net

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Un papa obligó a su hija adolescente a usar una camiseta vergonzosa como castigo

Foto: reddit.com

Foto: reddit.com

Esta foto, que se volvió viral en el Internet, muestra a un adolescente luciendo un polo y una cara nada feliz. A su lado, su papá sonríe. Sucede que la chica llegó a casa más tarde del límite establecido por sus padres y, como consecuencia, su padre la obligó a llevar durante una semana una camiseta que tenía impresa la cara amenazante del papá junto a la frase “Try me”, que significa “ponme a prueba”.

Esta no es la primera vez que un castigo público termina en el Internet o, incluso, en las noticias.

Hace unos meses, una chica de 13 años robó en una tienda y su madre la obligó a usar por unos días un polo verde neón con la frase “Esconde tu dinero, esconde tu ropa. Esconde todo, porque soy una ladrona”. La mamá de la adolescente dijo en una entrevista a la televisión que “si vas a avergonzarme robando, te voy a enseñar lo que es estar avergonzado”.

En noviembre del año pasado, una chica de 15 años en Florida tuvo que pararse en una esquina con mucho tráfico, con una señal que decía “Yo dejo entrar chicos a las 3 am. y le falto el respeto a mis padres y abuelos”. La mamá contó al noticiero local que su hija estaba cada vez más fuera de control, tomando, escapándose y metiendo chicos a la casa, y ella ya había tratado con los castigos tradicionales.

La adolescente aseguró que el castigo la hará pensar dos veces antes de desobedecer a sus papás.

Parece que esta estrategia, la humillación pública, se ha vuelto una tendencia como castigo a hijos adolescentes en EE.UU. La mayoría de padres afirma que ya trató de todo y que en realidad teme que sus hijos se conviertan en criminales.

“No es sólo que humillar a personas, de cualquier edad, es una manera desagradable e irrespetuosa de tratarlos, sino que es contraproducente”, afirmó en una entrevista Alfie Kohn, autor del libro Unconditional Parenting: Moving from Rewards and Punishments to Love and Reason (Paternidad incondicional: Pasar de premios y castigos al amor y la razón). El especialista asegura que los padres solo lograrán un “cumplimiento temporal” de las reglas, no un resultado a largo plazo.

El costo es que los chicos no aprendan las lecciones que deberían. Los niños y adolescentes que son humillados o disciplinados de manera muy dura no aprenden que sus padres son en realidad sus aliados cariñosos, en los que pueden confiar. Aprenden, más bien, que cuando tengan un problema con otra persona, solo necesitan usar el poder para obligar a esta persona a hacer lo que ellos quieran. Y aprenden que la razón para no robar o engañar no es el daño que se le hace a otra gente, sino las consecuencias si son descubiertos.

De acuerdo a Alfie Kohn, “no sorprende que tantos adultos que hacen cosas terribles, muchas veces de niños eran humillados, golpeados o castigados de manera dura”.

(Con información de The Huffington Post)

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Recompensas inmateriales para premiar la buena conducta de nuestros hijos.

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Artículo escrito por Sara Tarrés Corominas del blog Mi mamá es psicóloga infantil

¿No se te ocurre con qué premiar la buena conducta de tu hijo y solo piensas en cosas materiales y en comprar una cosa tras otra? ¿Te has planteado si eso es lo correcto o si de este modo estás  comprando el buen comportamiento de tus niños? Probablemente si estás leyendo este artículo es que andas buscando con qué premiar o recompensar de un modo inmaterial a tu hijo por lo que está haciendo.

Si es así, en esta entrada encontrarás algo de lo que buscas ya que te doy algunas ideas para que premies el buen comportamiento de tus niños sin que debas gastar ni un solo céntimo, y sin promover el consumismo que impregna nuestra sociedad y cultura. Lo único que requiere, eso sí,  es tu tiempo y tu paciencia, que es en definitiva lo mejor que les puedes entregar a tus hijos.Evidentemente, dependiendo de la edad de tu hijo, deberás adaptarte y encontrar la que mejor se ajuste a su nivel evolutivo. Pero todas estas recompensas inmateriales proporcionarán más placer que cualquier juguete cuando de niños pequeños hablamos, ya que lo que más ansían y desean es la atención y el tiempo compartido con nosotros, sus padres.Estas recompensas inmateriales las podemos utilizar como premios cuando utilizamos las tan comentadas y utilizadas economías de fichas o tablas de incentivos.

¿Qué tipo de recompensas inmateriales puedo utilizar para premiar la conducta de mi hijo?
Podemos utilizar multitud de recursos y premios inmateriales, se trata de ponerle un poco de imaginación y sobretodo de conocer a nuestro hijos para saber qué es lo que más le puede motivar y gustar.  Yo he ido anotando algunas que me parecen adecuadas para una gran cantidad de niños y niñas, tu puedes proponer las tuyas.

  • un beso,
  • una sonrisa,
  • un te quiero,
  • cualquier elogio,
  • un guiño,
  • pegar un gomet,
  • dibujarle una cara contenta en la mano,
  • pegarle una estrella o un sol sonriente,
  • pasar una tarde viendo películas y comiendo palomitas,
  • una tarde preparando un pastel,
  • una salida en bici,
  • una tarde en el parque,
  • prepararle su postre o plato favorito,
  • jugar con él a su juego preferido,
  • contarle un cuento,
  • un partido de fútbol o baloncesto con papá o mamá,
  • que sea el protagonista del día,
  • realizar muñecos de plastilina junto a él,
  • montar un álbum de fotos en las que aparezca él y explicarle qué ocurría en cada una de las escenas,
  • bailar con ellos, ponerles su música preferida y bailotear un rato,
  • disfrazarse y montar un teatrillo,
Foto cortesía de http://www.freedigitalphotos.net
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Premiar la buena conducta de nuestros hijos

ELOGIOArtículo escrito por Sara Tarrés del blog Mi mamá es psicóloga infantil

Este artículo habla sobre los premios y qué tipo de premios debemos utilizar los padres con nuestros hijos, si es bueno o no premiar las conductas o estamos acostumbrando a los niños a obedecer a base de obtener obsequios y regalos, convirtiendo a nuestros hijos en unos perfectos chantajistas.

Muchas veces cuando hablamos de disciplina y  de premiar conductas se nos viene a la mente comprar algún regalito o chuchería para nuestros niños, olvidando que el mejor regalo que podemos ofrecerles a nuestros hijos son los premios inmateriales :

  • los elogios,
  • las risas compartidas,
  • el tiempo que disfrutamos juntos jugando o viendo una película,
  • un beso o un abrazo.
 El elogio es uno de los mejores recursos que tenemos los padres pero debemos saber utilizarlo correctamente para que sea efectivo. Recordemos las condiciones que debe cumplir para que realmente funcione.
  1. el elogio debe ser sincero y espontáneo. No debemos utilizarlo con nuestros hijos como forma de manipulación ni como chantaje.
  2. No debe ser exagerado ni artificial
  3. Utilizarlo en su justa medida, es decir, intentar buscar un punto medio en su uso, si lo utilizamos demasiado se desgasta y ya no es motivador. Si nos pasamos todo el día diciendo “¡muy bien!” llegará un momento que nuestro hijo ya no mostrará ningún interés.
  4. Describir claramente qué es lo que estamos elogiando, así podemos decir a nuestro hijo ” Qué bien estás jugando con las piezas de construcción” en lugar de un simple “¡muy bien!” o “Te has portado muy bien”. Cuanto más claros seamos mejor.
Estos son lo mejores premios que podemos brindar a nuestros niños, premios inmateriales que a la vez refuerzan su autoestima y les hace saber que lo que hacen está bien.

Es cierto también que a veces los premios materiales pueden ser oportunos de vez en cuando, como por ejemplo prepararles una comida especial que sabemos que les gusta mucho o llevarles al zoo o al cine por haber hecho algo muy bien.

Si los premios materiales no se convierten en una costumbre o una obligación no hay ningún inconveniente en utilizarlos de forma puntual para reforzar una buena conducta, como  por ejemplo comprarle un libro después de pasar por un mal momento (ir al médico). De este modo es poco probable que nuestro hijo se acostumbre a obedecer simplemente para que le compremos cosas.

No olvidemos que a todos nos gusta que nos hagan regalos, ya que es una forma de mostrar afecto y reconocimiento y no tiene porqué crear malos hábitos.

Como siempre el sentido común es el mejor consejero. El objetivo es que el niño se sienta satisfecho y orgulloso de su buen comportamiento y que en un futuro sepa cómo comportarse por el mero hecho de saber que esa es la forma correcta de actuar.

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