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Fracaso ¿escolar o familiar?

Artículo escrito por Oscar Gonzáles de El Blog de Oscar González.

El otro día navegando por Facebook encontré una imagen con un sencillo texto que me llamó muchísimo la atención. Inmediatamente me dispuse a compartirla en Twitter (lo bueno hay que compartirlo siempre). Me impactó e hizo que reflexionara sobre el modo en que solemos abordar el tema del fracaso escolar. La imagen es la siguiente:
Creo que el texto muy significativo y clarificador. Debe hacer que nos planteemos muchas cosas como, por ejemplo, el papel decisivo que juega la familia en el fracaso o éxito escolar. Estas son mis reflexiones al respecto (son una ampliación de un artículo que escribí ya hace un tiempo para la Revista Universo UP de la Universidad de Padres de J.A.Marina):
El fracaso escolar es uno de los grandes problemas que está sacudiendo nuestro sistema educativo actual. En nuestro país (España) aproximadamente uno de cada cuatro niños fracasa en sus estudios con las dificultades y consecuencias que esto acarrea. Cuando hablamos de fracaso escolar hemos de tener muy en cuenta lo que afirma la frase de la imagen anterior: que TODOS y cada uno de los integrantes del sistema educativo debemos asumir nuestra parte de culpa y responsabilidad en el problema. Pues como muy bien destaca el texto: FRACASAMOS TODOS LOS ADULTOS QUE ESTAMOS A SU ALREDEDOR porque cuando hablamos de fracaso escolar las miradas no pueden dirigirse únicamente a la escuela, hay muchas cosas que están fallando…
Me gustaría entrar a analizar el problema del fracaso escolar desde el punto de vista familiar ya que, en mi opinión y según los estudios e investigaciones recientes éstas son una pieza clave y fundamental para prevenirlo y abordarlo. Tomando como referencia el interesante documento PISA in focus nº10(2011) donde se destaca que “la mayoría de los padres saben que dedicar más tiempo a sus hijos e implicarse de manera activa en su educación les proporcionará una gran ventaja en la vida” pero teniendo en cuenta la realidad en que vivimos, son muchos los padres que encuentran serias dificultades para conciliar su vida familiar y laboral. A esto hemos de sumar que hay algunos padres que “no se sienten capacitados para ayudar a sus hijos en las tareas diarias”. Me gustaría destacar una frase del estudio que dice que “la buena noticia que obtenemos de los análisis de los datos de PISA 2009 es que no hace falta tener un doctorado ni dedicar una infinidad de horas para que los padres influyan en los resultados”. Sabiendo todo esto es cuestión de ponernos en marcha.
Por tanto, es momento de tomar conciencia de que la actitud,la actuación y las expectativas que tienen los padres y las madres sobre la capacidad y logros del niño influye de una manera determinante en la creación de una imagen positiva o negativa del niño sobre el estudio. Por este motivo es realmente importante y necesario el uso que hacemos del elogio a diario puesto que tenemos que elogiar al niño cuando hace bien las cosas y no estar continuamente recordándoles lo que hacen mal. En general, solemos atender más las conductas negativas que las positivas y es necesario que evitemos esto para que el niño comprenda perfectamente que valoramos sus progresos y relativizamos sus “pequeños fracasos”. Como afirma José Antonio Marina“todo niño disfruta aprendiendo y sintiendo que progresa. Y por eso los docentes tenemos que esforzarnos en que todos los niños tengan la experiencia de ´éxito merecido`, incluso los más torpes. Porque es una experiencia tan satisfactoria que querrán volver a sentirla. En este aspecto la solución depende del sistema educativo y de nosotros los profesores, familiares e interesados en la educación”.
 
Además, son los padres y las madres los que tienen que trabajar día a día con sus hijos una serie de hábitos que actuarán como una vacuna preventiva ante el temido fracaso escolar: son el hábito de estudio y el hábito de la lectura.
 
Para trabajar y fomentar el hábito de estudio en los primeros años es importantísimo que sean los padres los que propicien un verdadero clima de estudio en el hogar ayudando así al niño  a organizarse el tiempo de estudio, a prepararse el material, etc. procurando que empiece a estudiar siempre a la misma hora y en el mismo lugar evitando distracciones que le impidan trabajar con normalidad durante el tiempo que dedica al estudio.
Cuando hablamos de fracaso escolar solemos pensar casi siempre en un tipo de “alumnos torpes o que les cuesta”, pero realmente no es siempre así sino que son niños inteligentes que no saben aprovechar las capacidades que tienen. Es por ello que desde la familia tenemos que ofrecerle al niño una serie de recursos y estrategias que les ayuden a desarrollar estas capacidades. Empezando por fomentar un buen hábito de estudio ayudará a que el niño se sienta motivado y atraído por el trabajo escolar. Además el niño tiene que comprobar en todo momento que los padres se preocupan e implican en todo lo que rodea su vida escolar: contacto con los profesores, asistencia a reuniones, colaboración en las actividades que se organizan en el centro, etc. Los niños comprueban de este modo que sus padres están realmente interesados en lo que hacen en su día a día.
Unido al hábito de estudio deberíamos preocuparnos también por fomentar el hábito lector ya que está demostrado que la escasez lectora provoca un bajo rendimiento académico. Aquí los padres tenemos la obligación de educar con el ejemplo pues un niño difícilmente leerá si en su casa sus padres no leen, es decir, si no esté rodeado de un ambiente lector. Pero, ¿quiero decir con esto que si los padres leen el niño será lector? Evidentemente NO, pero podremos aumentar la probabilidad de que esto suceda, que no es poco. Además, según se desprende del estudio citado anteriormente “los estudiantes de 15 años cuyos padres leen a menudo libros con ellos durante su primer año de Educación Primaria tienen puntuaciones más elevadas en PISA 2009 que los estudiantes cuyos padres leen con ellos con poca frecuencia o ninguna”. Asombroso, ¿verdad? Pues hemos de tener presente que los estudiantes nunca son demasiado mayores para beneficiarse del interés que tienen sus padres por ellos. No podemos centrar nuestros esfuerzos y energías en ciertas etapas educativas y “desconectar” en otras: tenemos que ser constantes cuando educamos.
Además de todo lo mencionado, los padres tienen que supervisar cuestiones tan importantes como su alimentación, las horas de sueño y descanso así como el tiempo que dedica al ocio. Son cuestiones de una importancia trascendental que inciden en el rendimiento escolar del niño. Un niño con una alimentación desequilibrada y que encima no descansa el tiempo suficiente es incapaz de rendir adecuadamente en su horario escolar. Trabajemos con ellos todos estos hábitos desde que son bien pequeños para que los vayan adquiriendo de forma natural.
En resumen, vemos que es mucha la responsabilidad que tienen las familias a la hora de prevenir y abordar el fracaso escolar. Todos los padres pueden y deben ayudar a sus hijos a desplegar todo su potencial dedicando tiempo a hablar con ellos, a leer, etc.
Por este motivo insto desde aquí a las administraciones, a los equipos directivos, etc. que a la hora de elaborar planes  contra el fracaso escolar tengan en cuenta la importancia de las familias y estudien de qué forma pueden ayudarlas a que desempeñen un papel más activo y dinámico en la educación de sus hijos, tanto dentro como fuera de la escuela. Es urgente y necesario.
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¿Cómo enfrentar un bajo rendimiento escolar?

Los gritos, el castigo físico y las amenazas que algunos padres de familia realizan contra sus hijos por las bajas notas escolares podrían ocasionar depresión, baja autoestima, rebeldía e incluso intentos de suicidio, advierten algunos especialistas, como el médico psiquiatra Horacio Vargas Murga, director ejecutivo de la Dirección de Niños y Adolescentes del Instituto Nacional de Salud Mental del Ministerio de Salud  (Perú). El  explicó que los padres siempre tienen expectativas con el rendimiento de sus hijos, sobre todo a fin de año.

“Que logren aprender sin mayores complicaciones y que a su vez vayan adquiriendo responsabilidades en sus tareas escolares son los principales objetivos que se trazan durante su educación. Sin embargo, cuando un escolar tiene bajas notas en el colegio puede ser un medio para expresar que algo está pasando”, refirió.

Las causas no sólo son falta de tiempo para estudiar y un inadecuado seguimiento por parte de los padres, implica más que eso, mencionó Vargas Murga. Así, dijo que  los problemas de concentración y rendimiento escolar se pueden deber también a problemas familiares o emocionales o dificultad para comprender las explicaciones de los maestros.

“Es importante saber que cuando existe un bajo rendimiento académico el escolar afectado generalmente presenta problemas en su autoestima y un pobre autoconcepto, ya que no logra obtener el nivel académico esperado para su edad”, refirió el especialista en niños y adolescentes .

El psiquiatra menciona que el rendimiento escolar es diferente en cada niño y adolescente, por lo que los padres deben afrontar la situación conociendo las exigencias que tienen ellos en la escuela, las cuales no deben ser excesivamente altas. “Es necesario que los padres incentiven con responsabilidad la superación de sus hijos, brindándoles confianza y supervisando sus tareas”, recomendó Horacio Vargas.

Por último, exhortó a los padres a establecer metas de acuerdo con la capacidad de sus hijos, estar pendientes de las actividades que ellos realizan, ayudar a establecer un horario y lugar de estudio, felicitarlos por los progresos que obtengan, estimularlos con palabras y acciones que mejoren el ánimo y evitar la crítica hiriente.

Fuente: Agencia Andina

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10 trucos para conseguir que los adolescentes duerman sus horas

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Héctor Barnés – El confidencial 22 de octubre 2012 

Una de las quejas más habituales entre docentes y padres sobre sus hijos, una vez llega la pubertad, es que parecen deambular por la casa o el instituto, les cuesta concentrarse y, en definitiva, parecen estar todo el día dormidos. Sin embargo, lo que muchos no saben es que el cuerpo humano sufre durante la adolescencia una serie de cambios físicos que contribuyen a estos problemas de sueño y que sólo logran superar una vez pasados los veinte años, edad en la que el cuerpo comienza a estabilizarse.

Otra de las razones que se han aducido para explicar estos problemas de sueño es que durante la adolescencia, las  habitaciones de los jóvenes comienzan a llenarse con artefactos tecnológicos como ordenadores, televisores o teléfonos móviles que, como se ha demostrado en repetidas ocasiones, impiden conciliar el sueño correctamente y dejar descansar al cerebro. La necesidad de comunicarse con los amigos, de aprovechar el tiempo al máximo o simplemente la dificultad para darse cuenta de que es hora de parar impiden que los chicos adquieran unos hábitos de sueño saludables.

Y deberían adquirirlos, porque la falta de sueño puede causar serios problemas, en forma de ralentización de crecimiento neuronal, de periodos prolongados de tristeza o incluso de depresión grave, que en algunos casos puede llegar al suicidio, según un estudio publicado este año por el doctor Carskadon.

Pero por muchos que sean los males, es complicado establecer estrategias que realmente motiven a los adolescentes a dormir las horas que les son necesarias, así que, ¿cómo luchar contra esas costumbres? Igual que no podemos detener el tiempo, resulta complicado cambiar el reloj biológico de nuestros hijos. Lo que sí se encuentra en nuestra mano es cambiar sus hábitos y costumbres, algo que puede contribuir de manera positiva a su reposo nocturno. En Snooze… or Lose!, la doctoraHelene A. Emsellem propone diez estrategias diferentes que pueden llevar a cabo los padres para cuidar el sueño de sus descendientes.

–Hay que establecer hábitos que sean respetados por una mayoría de los miembros de la familia. De nada sirve pretender que un chaval de 15 años se vaya a la cama a una hora que le permita dormir el tiempo suficiente si la familia se queda hasta las dos de la mañana viendo la televisión o enganchado al ordenador.

–Es imprescindible preparar por la noche todo lo que los chicos necesitarán el día siguiente (libros, material escolar, comida, ropa, etc.) Eso permitirá tener todo organizado y, por lo tanto, levantarse más tarde y aprovechar el tiempo.

Fija una hora razonable para apagar todos los móviles, ordenadores y distracciones tecnológicas, y que sea al menos media hora antes de ir a la cama. Acostarse inmediatamente después de apagar el ordenador no es buena idea, porque el cerebro todavía no está en la fase que le permite desconectar.

La alimentación ha de ser sana. Y en especial la cena, cuando deben evitarse productos que se digieran mal. Además, es conveniente que trascurran dos horas desde que se toman los alimentos hasta que el adolescente se meta en la cama.

Mejor si no hay siesta. Pero si se produce, es conveniente que sean de no más de media hora. Es tiempo suficiente para que el cuerpo se recupere y no perturbe los ritmos de sueño nocturnos.

–Si tienes problemas para quedarte dormido, que el chico tenga a mano un papel y un bolígrafo para anotar todos los pensamientos que se le pasan por la cabeza.

Nada de cafeína después de las cuatro de la tarde. Una de los problemas principales de muchos adolescentes, en especial en épocas de exámenes, es que se han habituado a confiar en la cafeína para mantenerse despiertos durante el día.

Haz que se levanten de la cama nada más despertarse. Hay que abrir las cortinas y procurar que haya el máximo de luz para que no se queden remoloneando. El día es para hacer cosas, y hay que aprovecharlo desde el principio.

Un ambiente acogedor. Nada de distracciones: luces apagadas, y una atmósfera que incite al descanso es esencial para que la mente entienda que es hora de descansar.

Orienta la actividad diaria hacia el ejercicio. El sedentarismo es una de las causas más habituales de que el sueño no se concilie bien. Sólo cuando hemos tenido el movimiento físico necesario mejoraremos nuestras posibilidades de caer dormidos rápidamente.

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22 octubre, 2012 · 2:04 pm

Ansiedad

En tercer lugar, debe tomarse en cuenta la ansiedad como situación atípica en los niños, principalmente porque es una causa de sufrimiento, pero tam­bién porque tampoco responderán a la EP (EDUCACIÓN CON PERSONALIDAD).

Existen dos tipos de trastornos ansiosos: Angustia de Separación y Tras­torno por Ansiedad Excesiva.

Bajo la Angustia de Separación un niño se niega a separarse de una figura protectora (sus padres o abuelos, un hermano mayor, una empleada) y rehusa ir al colegio o cumplir otras obligaciones que impliquen separación física.

Puede presentar dolores de cabeza y estómago. Generalmente tiene pesa­dillas intensas o temor a acostarse por las noches.

La otra forma de ansiedad se denomina Trastorno por Ansiedad Excesiva. Se trata de niños inseguros y extremadamente preocupados por su propio desempeño en el colegio, en los deportes y en su vida social. Preguntan constantemente para reasegurarse a sí mismos y se los nota ansiosos en lograr aceptación entre las personas con quienes tratan.

Ambas patologías mejoran rápidamente con la atención de un sicoterapeuta infantil bien entrenado y asesoramiento familiar.

“TERNURA Y FIRMEZA CON LOS HIJOS

Dr. Alexander Lyford-Pike

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Depresión

Una segunda situación atípica en que el niño probablemente no responderá a la Educación Positiva, y por la cual es necesario consultar a un profesional, está confor­mada por los episodios de depresión.

Es difícil de diagnosticar porque el niño no sabe decir que está triste. Se manifiesta, en general, en decaimiento o movimiento excesivo; agresivi­dad; mal dormir o dificultades para ser despertados en la mañana, cuando este problema no existía anteriormente; inapetencia o gran voracidad; llanto frecuente con dificultad para explicar el motivo de su tristeza.

Los que sufren episodios de depresión muestran también disminución de su rendimiento escolar y dejan de jugar o lo hacen con menor frecuencia que lo habitual.

Si usted observa alguno de estos síntomas, aunque sólo sea uno de ellos, no dude en consultar a un especialista a fin de ser orientado.

Los tratamientos modernos suelen combinar la sicoterapia y medicación con asesoramiento familiar. A diferencia de los adultos, las respuestas son rápidas y las altas en corto plazo.

“TERNURA Y FIRMEZA CON LOS HIJOS”
Dr. Alexander Lyford-Pike

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