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Nervios navideños en los niños

Artículo escrito por Sara Tarrés del blog Mi mamá es psicóloga infantil

La Navidad es un momento especial, sobre todo para los niños. Es una época que llena de magia el mundo interior de los más pequeños, sobre todo a partir de los 2 – 3 años.

En el cole o en la escuela infantil trabajan estos conceptos, preparan festivales, realizan fichas o trabajos manuales relacionados con la Navidad. Y, lógicamente, durante todo este periodo preparatorio los niños van alterándose poquito a poquito. Su nerviosismo crece y se alimenta día a día. Y es que es normal, lógico y esperable en niños de entre 2 y 6 años.

 Están emocionados, nerviosos, intranquilos, alterados, preguntando cuanto falta para Navidad y si ha llegado ya Papá Noel. Por otro lado, la publicidad en televisión también contribuye a este nerviosismo, desde primera hora de la mañana hasta la última de la tarde hay publicidad dirigida a los más pequeños. Publicidad cargada de juguetes que captan la atención de nuestros niños y que ilusionados con todo lo que ven exclaman:

«yo quiero esto, mami», «voy a pedir aquello a los Reyes», «¿Por qué no hacemos la carta a los Reyes Magos hoy, mami.?», «¿Y cuando van a venir?, tenemos que prepararles comida», ….

Y así una interminable lista de frases con el yo quiero y cuánto falta para.

Papás, mamás y educadores debemos cargarnos de mucha tranquilidad y paciencia, porqué durante estos días los niños se comportarán de un modo diferente, exaltados, nerviosos, a veces incontrolables … No lo pueden evitar. Pero con esto no quiero decir que no debamos seguir manteniendo las normas y los límites claros, solo que podemos y debemos ser algo más tolerantes y flexibles, permitirles que descarguen su intranquilidad y nerviosismo de un modo adecuado: dejar que canten todo aquello que quieran, toquen la pandereta si les apetece (sin molestar a nadie, claro está), que salten y brinquen, que corran o bailen.

Estos son unos días muy especiales para ellos, algunos están preparando con mucha ilusión su festival de Navidad y, los adultos debemos ser conscientes que toda esta preparación más las luces que iluminan ahora las calles de las ciudades y pueblos, más la publicidad en televisión y el aire navideño que ya se empieza a respirar por doquier altera a nuestros hijos sin que podamos evitarlo del todo.

Paciencia, la Navidad es una vez al año y merece la pena que los pequeños la disfruten con toda su magia.

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“Le he empezado a decir a mis hijas que soy bella”

Autoestima

@mafalda

Los hijos siempre son la cosa más bella que haya visto este mundo. Sus caras redondas, su piel perfecta, el labio superior gordito… “Son aquello de lo que está hecha la belleza”, cuenta Amanda King, autora del blog Last Mom on Earth. Y ellos lo saben, se los decimos todo el tiempo: “eres hermosa”, “eres un churro”.

A sus ojitos, su madre también es bella. Su madre es calidez, protección y belleza. Sin embargo, qué contradicción más terrible, cuando la madre no se considera bella, y odia su imagen en el espejo. Esa niñita o ese niñito crecerá escuchando a su madre decir “qué gorda estoy”, “qué fea me veo”, “ella sí es perfecta, yo no”; o la verá haciendo dietas sufridas, porque nunca está conforme con su cuerpo.

Qué confuso es para los hijos, tan seguros de la belleza de su mamá, que ella les diga con su actitud: “tú crees que soy bella, pero estás equivocado. Tú eres pequeño y me amas, pero no eres todavía suficientemente inteligente para saber que soy poco atractiva. Sé que soy fea, porque me miro con ojos crueles”.

Todos esas publicidades a los que estamos expuestos, con mujeres ‘arregladas’ por el PhotoShop; esos programas de televisión con chicas ultraflacas y siempre jóvenes tampoco ayudan, porque se les da un mensaje de falsa perfección y belleza a nuestros hijos.

Así que Amanda King decidió decirles a sus hijas que ella también es bella. “Mírenme, niñas, miren qué bella soy, hoy me siento muy bella”, les dijo. Y las niñas no mostraron sorpresa, porque ya lo sabían.

“No quiero que mis hijas sean niñas que son perfectas y luego, cuando comiencen a sentirse como mujeres, se acuerden cómo su madre se consideraba fea y así ellas también lo serán. Ellas van a envejecer y sus pechos perderán su forma y ellas odiarán sus cuerpos, porque eso es lo que las mujeres hacen. Eso fue lo que mami hizo. Quiero que ellas se conviertan en mujeres que me recuerden modelando una belleza imposible. Modelando belleza en la cara de un mundo cruel y aterrador”.

Los niños deben saber que hay belleza en todos y su madre debe ser el primer modelo. Si les enseñamos a nuestros hijos a no ser crueles con otras personas, visiblemente diferentes, pero somos crueles con nosotras mismas, estamos dándole mensajes contrarios. Pero para decirles que su mamá es bella, hay que creerlo de verdad.

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15 mandamientos de la madre encantadora

padres

Foto: @lamamaoca

1. No gritaré a mis hijos cuando esté molesta. Auque me sienta desesperada, utilizaré un tono de voz firme, pero calmado. Si debo insistir en una orden, lo haré diciendo “por favor” primero.

2. Si no pude controlarme y el grito salió, por lo menos evitaré que sea gutural.

3. Manejaré calmada. Aun así los otros conductores se lo merezcan, evitaré lanzar improperios, sobre todo con los chicos en el carro.

4. No usaré malas palabras. Especialmente para que mis hijos no las repitan (y ahorrarme la vergüenza de que pienses que si el niño lo dice, es porque lo escucha en casa).

5. No dormiré una siesta, sobre todo si los amigos de mis hijos están de visita.

6. No regañaré a los hijos de los demás, que para eso están sus padres. Tampoco defenderé a mis hijos frente a otros niños. Lo mejor es que se arreglen entre iguales.

7. En una fiesta de cumpleaños, no iré tras el relleno de la piñata como desesperada ni obligaré a los otros niños a compartir su botín conmigo. Y menos si mi hijo no muestra interés.

8.No le daré consejos a mis hijos en voz alta en público, ni les hablaré como si yo también fuera un niño delante de otras personas. Las conversaciones con los niños serán discretas, como con los adultos.

9. No usaré el plural cuando hable con mi hijo. No diré “tenemos piojos”, “estamos cansados” o “no hemos ido al baño”.

10. No me enviciaré con el smartphone delante de mi hijo. Y si ya no pude evitarlo, haré el esfuerzo por mantener el hilo de la conversación.

11. No le hablaré a la gente de las proezas de mis hijos, y menos a los que son padres. En general, trataré de no tocar ese tema.

12. No le daré el teléfono para que conteste la llamada a mi hijo que está aprendiendo a hablar. Otras personas no tienen por qué ser víctimas de su balbuceo adorable.

13. Intentaré no criticar a las otras mamás. Y no le pediré a mi hijo que se vaya “a dar un paseo” para poder criticar a mis anchas.

14. Trataré con respeto al profesor, sobre todo en las reuniones con los papás. No le daré la contra ni criticaré sus propuestas. Si algo no me gusta o si tengo dudas sobre mi hijo, las conversaré en privado con el profesor.

15. Me esforzaré en conocer a los compañeros de mis hijos y a sus mamás. Mejor aun si me aprendo los nombres. Si mi memoria es mala, usaré la técnica de asociación de ideas, pero no pondré en juego mi reputación de madre encantadora.

Tomado de Revista Hacer Familia, Edición 219

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Dos problemas de las sociedades actuales: No tolerancia y demasiada tolerancia

tolerancia

@lamamaoca

Hoy  se celebra el Día Internacional de la Tolerancia. Así que me pareció importante reflexionar sobre esta virtud.

Vivimos en un mundo en el que buscamos el bienestar. Pero no solo a través de una salud bien atendida, felicidad familiar o acceso a la educación. El bienestar a través del placer y el consumismo se ha vuelto primordial. Es por ello que vemos muchos ‘adolescentes’ de 30 años que buscan sentirse bien gracias a diversiones infantiles y actitudes frívolas.

¿Qué tiene que ver esto con la tolerancia? Pues la tolerancia al dolor se ha perdido. Esa búsqueda del bienestar ha llevado a muchos a sumergirse en un hedonismo egoísta que no tolera dolor, sufrimiento, estrés o angustia. Estos sentimientos o estados negativos son naturales a la experiencia humana y nosotros debemos aprender a convivir con ellos, a tolerarlos.

La enfermedad, la vejez y la muerte no es algo que podamos evitar, ni en nosotros ni en los que queremos, por ello es importante saber tolerar el dolor, en vez de vivir en negación. Solo así encontraremos las fuerzas para plantarle cara a la adversidad.

Hay que aceptar que de las experiencias negativas se sacan lecciones positivas y que la vida no se trata solo de placer superficial. Lo negativo hace que valoremos más lo positivo, por ejemplo a la familia, a la verdadera amistad y logra que salgan a la luz nuestras mejores cualidades.

Las convicciones no son intolerancias

La otra cara de la moneda es la tolerancia en exceso. Tolerar es aceptar otras maneras de ver el mundo; sin embargo, nuestras propias convicciones no tienen que ablandarse por eso… nuestras propias convicciones no son intolerancia.

Sí es cierto que existan muchos tipos de conductas, pero no todas son igual de respetables. Este relativismo evita que cuestionemos a otras personas y los justifiquemos, aun incluso cuando sus comportamientos merece reprobación. Lo políticamente correcto nos lleva a creer que no existen valores absolutos, que no existe el bien y el mal, sino que todo es relativo.

Muchas veces las religiones son víctimas de esta tolerancia en exceso, porque se les ve como un atraso. Esto demuestra una contradicción ya que una sociedad tolerante debería aceptar y respetar también a la gente religiosa.

¿Y ustedes, cómo viven la tolerancia?

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15 cosas que las mamás les perdonan a sus hijos

como perdonar

Foto: @lamamaoca

Es cierto que el amor de madre es incondicional y que adoramos a nuestros hijos. Pero también es cierto que nuestros hijos, de manera accidental o sin querer queriendo, nos pueden lastimar. En esos momentos, solo nos queda perdonarlos. Ellen Saidman, blogger de la web especializada en familia Babble.com, reflexiona sobre el tema y cuenta 15 cosas por las que ha perdonado a sus hijos. Y aquí van:

Perdono a mis hijos…

1.  Por decirme que soy una ‘mamá mala’. ¿Y cómo sé que no soy una mamá mala?, porque yo lo digo.

2. Por la desastrosa área post cesárea antes conocida como mis abdominales.

3. Por irrumpir en mi cama y ser un método de control de la natalidad de facto.

4. Por la veloz tormenta de popo que destruyó el antiguo cubrecama de plumas de la abuela.

5. Por su mal gusto por los programas televisivos. Ojalá no me hayan causado daño cerebral.

6. Por todas las veces que me han enfermado. Una vez durante un invierno me enfermé de la garganta tres veces seguidas y el doctor me explicó que mis hijos pueden ser “portadores”. Mejor yo que ellos, pero igual ¡ouch!

7. Por las veces que se molestan y me gritan “yo no te quiero”. No me lo tomo personal. Ok, quizá sí voy al baño a llorar un poquito, pero sé que no lo dicen en serio.

8. Por esas veces en las que dicen “yo quiero más a papá”.

9. Por la indigestión en el embarazo. Todas esas noches en las que no pude dormir sobre mi panza (o simplemente dormir). Y luego las casi 20 horas de trabajo de parto. En su defensa, fue completamente mi decisión. Pero igual los perdono.

10. Por esas veces en las que de pequeños accidentalmente me metieron el dedo al ojo o me patearon en la barbilla.

11. Por el hecho de que gasto más dinero en su ropa que en la mía.

12. Por usar mis mangas, pantalones y pelo para limpiarse la nariz. Mi germofobia está completamente curada. ¡Gracias, chicos!

13. Por las rabietas públicas (esas que te ponen nerviosa porque sientes que alguien puede pensar que eres abusiva con tu hijo).

14. Por todas las mañanas que me despiertan a las 5:30 am y por las ojeras. ¿Dónde estaría la industria del corrector sin los hijos?

15. Perdono a mis hijos por todo, porque no importa si temo algo de ellos, los amo más de lo que las palabras pueden decir. Aunque sí extraño mis abdominales.

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