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Actividades de verano: Una futura afición o profesión en tus hijos

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Planea unas vacaciones interesantes y enriquecedoras para tus hijos. La meta es evitar la ociosidad en los chicos, es decir que no maten el tiempo frente a una pantalla sin sacar nada de ello.

En las actividades extraescolares que pueden realizar tus hijos en vacaciones podría estar la semilla de futuras aficiones e, incluso, profesiones.

Desde muy temprano, incluso desde los 3 años, los niños pueden ver complementada su educación con actividades como deportes o arte.

No creas que por apuntarlo a ciertos talleres se va a convertir en un genio, ese no es el objetivo. Tampoco se trata de tenerlo sobre ocupado, porque nosotros estamos en la oficina. La idea es que se entretengan y les sirva también para su formación.

Elige para tus hijos actividades que le ayuden a desarrollar sus talentos, por ejemplo algún instrumento o idioma. A través de estos cursos, tu hijo y tú conocerán sus aptitudes. También sirven para reforzar aquello que tiene más débil, por ejemplo si es muy tímido, podría relacionarse con otros chicos; si tiene demasiada energía, puede liberarla; o si es un poco flojo, le estarás dando un responsabilidad durante su tiempo libre.

Lo más importante de estas actividades es que les gusten a tus hijos. Ellos deberían practicar por lo menos una este verano y, si es posible, continuarlo durante las clases del colegio, sin permitir que afecte los resultados escolares. A través de las actividades, los chicos aprenderán a relacionarse con otras personas, complementarán su formación y se divertirán.

(Fuente: Educar en el Ocio y el Tiempo Libre de Pablo Garrido Gil)

Foto cortesía: http://www.freedigitalphotos.net

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El juego desarrolla los 8 tipos de inteligencia en los niños

 Jugar no solo hará que tu hijo pase el tiempo de un modo divertido, sino que es importante para su inteligencia.

Garner hablaba de 8 tipos de inteligencias, relacionadas con diferentes partes de la corteza cerebral. Estas pueden ser potenciadas con el juego. Aquí encontrarás qué juego es indicado para cada tipo de inteligencia:

1.Inteligencia lingüística: Contar o inventar cuentos, dramatizarlos; hacer juegos de memoria y palabras.

2.Inteligencia lógico-matemática: Ajedrez, juegos de estrategia, figuras geométricas, usar el ábaco, sudoku, construcción con legos, etc.

3. Inteligencia naturalista-científica: Experimentos físicos o químicos sencillos, usar el microscopio, analizar hojas, coleccionar minerales.

4. Inteligencia artístico-espacial: Manualidades con arcilla y plastilina. Pintar, dibujar, hacer fotos.

5. Inteligencia musical: Practicar instrumentos, cantar y bailar, jugar a identificar piezas musicales e instrumentos dentro de ellas.

6. Inteligencia físico-corporal: Deportes, jugar al mimo, hacer teatro, disfrazarse.

7. Inteligencia intra e interpersonal: Jugar con otros niños a juegos simbólicos, de doctores, el colegio, la casita, la cocina), juegos de mesa, juegos colectivos como la escondidas y las chapadas y deportes en equipos.

8. Inteligencia creativa: Promover que en todos los juegos anteriores, el niño aporte creativamente. Podría crear sus propios juegos e historias, hacer nuevas reglas, etc. Los niños muy creativos son muy despiertos, ingeniosos y jamás se aburren.

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3 motivos por los que es importante que tu hijo juegue

Para un niño, el juego es una actividad esencial y muy natural. Si un niño no juega, es porque algo le pasa, porque está cansado, enfermo o porque no se siente querido. Esta actividad se da durante el tiempo de ocio y nosotros, como padres, debemos promoverla porque es muy importante para el desarrollo personal de nuestros pequeños.

Jugar les permite a los chicos:

-Explorar el mundo y desarrollar su motricidad. Tu hijo tiene la necesidad de moverse, correr y agitarse. Con el juego afirma su destreza, agilidad o coordinación. Gracias al movimiento que tus hijos pequeños hacen al jugar, dominan nociones espacio-temporales. Madurarán en tu hijo aspectos básicos que luego serán muy importantes para el aprendizaje, cuando vaya al colegio.

Es un error obligar a tu hijo a estar quieto, sentado. Tienes que dejarlo jugar. Eso sí, dale un espacio para hacerlo, mucho mejor si es en un jardín o en un parque, fuera de casa (y no en el sillón, frente a una pantalla por horas).

-Socializar: Después de los dos años, en los que el niño es naturalmente egocéntrico, por fin mostrará interés en jugar con otros niños. Esta interacción enriquece su vida, porque le enseña a convivir y compartir con los demás, a respetar reglas, etc.

-Desarrollar su inteligencia y la creatividad. A través del juego es como un niño aprende mejor. La creatividad les otorga a nuestros hijos una manera única de acercarse al mundo.

(Fuente: Educar en el Ocio y el Tiempo Libre de Pablo Garrido Gil)

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Educando el pudor: Hablar de sexo en casa

Llega un momento en el que las preguntas sobre sexo comienzan a surgir en casa. Como padres, debemos darles a nuestros hijos un ambiente en el que puedan preguntar con confianza y sin temores, así no se crean tabúes.

La edad óptima para explicarles sobre sexualidad a los niños es a los 8 años. Esto no significa que si tu hijo pregunta antes, no vas a darle una respuesta. Por el contrario, siempre debemos estar dispuestos a contestarles con la información y el lenguaje adecuado para su edad. No debemos confiarnos y esperar a que la información venga de afuera, menos de los medios de comunicación.

El enfoque de la educación sexual va de acuerdo a los valores y el estilo de vida de cada familia, por ello debe darse primero en el marco de esta.

No hace falta precipitarnos en el tema. Si tu hijo pequeño no pregunta es porque todavía no necesita esa información y no le da curiosidad. Pero ni bien lo haga, se debe tratar el tema con mucha naturalidad y de manera abierta.

Ya una vez en primaria, los padres deben empezar a introducir el tema, porque los niños tienen que conocer sobre reproducción sexual. De los padres es que ellos deben saber la importancia que tiene el modo en que tratemos a otras personas a nivel afectivo y sexual y el respeto que cada uno tiene con su propia sexualidad. Si ellos aprenden esto bien, uno vez que lleguen a la adolescencia, serán responsables y respetuosos consigo mismo y con los demás.

Ya que es un tema que les genera pudor, los chicos tienden a acudir a sus pares buscando información. Lamentablemente, no conseguirán así las mejores respuestas. Aparte, no solo se trata de información acerca de la reproducción, sino de educarlos en la afectividad. Por ello es fundamental que se sientan en confianza para conversar con sus padres sobre sexo.

Cuando un niño se toca

Pese a que puede ser muy incómodo para los padres, este acto es parte natural del descubrimiento de un niño. Está conociendo su cuerpo. Sin embargo, no podemos permitir que se vuelva un hábito. Los padres deben explicarles a sus hijos que no es un gesto que necesitan repetir constantemente, porque pueden incomodar a los demás. Tenemos que tener cuidado que el niño note una especial atención en este tema, porque podría tocarse más y en público, solo para llamar la atención de sus padres. Lo más recomendable es explicárselo, pedirle que no lo haga y no prestarle más atención a esa conducta. Así esta tenderá a desaparecer.

Lee las partes previas de la serie Educando el pudor:

¿Los niños sienten el pudor?

La intimidad de los padres

Ideas básicas para educar el pudor

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De 6 a 12 años: ¿Se acompleja o le acomplejas?

Alguno de nuestros hijos puede subestimarse al creerse inferior a los demás en su aspecto físico o intelectual, sintiéndose incapaz de estar a la altura de los demás. Esto le produce miedos y complejos, que a veces resultan difíciles de superar.

La época que por excelencia debería ser el tiempo más bello de sus vidas, la infancia, puede convertirse en un verdadero calvario. A partir de los ocho o nueve años los niños son capaces de valorar las reacciones que tienen los demás hacia ellos y discernir si son buenas o malas. Por esta razón, desde chiquitines debemos enseñarles a pensar por sí mismos y a decidir sobre algunas de las cosas que les afectan directamente. Sólo de este modo crecerán seguros de sí mismos y serán capaces de superar todos los rechazos que vengan del exterior.

¿LE ACOMPLEJAS?

En ocasiones, y con toda la buena intención del mundo, los padres proyectamos las propias ilusiones con los hijos, sin llegar a comprender que son personas distintas. Esa exigencia sin sentido se produce porque deseamos fervientemente que sean lo que no pudimos llegar a ser. Hablamos y hablamos sobre lo lejos que llegará: estudiará Medicina, como su madre; será un monstruo de las matemáticas, como la abuela; llegará a ser el mejor atleta entrenado por el abuelo, que fue seleccionador nacional; o directivo de una multinacional, como su padre. No hay lugar al desarrollo de la imaginación y de la fantasía, a los juegos de niños: sólo ocupaciones serias de acuerdo con un plan de futuro.

COMPLEJOS QUE SUFREN LOS NIÑOS

  • Complejos físicos

Los niños se comparan físicamente unos a otros, en altura, en el peso, porque quieren ser como los mejores, aquello que se anuncia en televisión, o como sus deportistas o actores favoritos. Ahí empieza el calvario para un niño cuyo peso, por ejemplo, sea un poco superior a la media de los de su edad.

  • Miedo al fracaso escolar

Los padres tienen tendencia a comparar las notas que traen los niños a casa con su futuro profesional y eso puede acarrearle al niño un sentido de culpabilidad y además un estado de ansiedad por pensar que no es capaz de sacar buenas notas y que su vida profesional será un fracaso.

  • Introversión

Hay niños que tienen miedo a relacionarse con otros compañeros porque les da miedo lo que piensen de ellos y que les rechacen. Se anticipan a lo que los demás puedan decidir sobre su persona y esto les lleva a inhibirse completamente.

 LOS DEFECTOS EXISTEN

Otra causa importante del complejo de inferioridad son los defectos: todo defecto físico, constitucional o adquirido con el paso del tiempo (miopía, sordera), o defecto psíquico (falta de memoria) puede constituir el punto de partida de un complejo de inferioridad; especialmente si los padres, hermanos o compañeros se burlan de él o lo desprecian.

Algunas veces no es necesaria una inferioridad real; puede bastar una característica un poco extraña para atraer sobre el pequeño los motes o apodos crueles (por inconscientes) de sus compañeros: el color del pelo, una estatura demasiado alta o demasiado baja, etc. Un tono de burla, una frase hiriente, aunque no tenga nada de razón, puede acomplejarle. El niño no puede desprenderse de todas esas etiquetas que le ponen y acabará haciéndose la idea de que, efectivamente, él es así. Su propio hogar debería ser un reducto de alegría y optimismo, un lugar para reponer fuerzas y autoestima; pero puede llegar a ser un lugar nefasto si unos padres inconscientes se dedican a resaltar, por sistema, estos mismos defectos.

EXIGENCIA A SU MEDIDA

El mejor modo para evitar que se formen complejos de inferioridad en los hijos consiste en evitar los errores de educación que los crean. Y esto no es fácil porque, en muchos casos, son los mismos padres los que sufrieron algún complejo de este tipo del que desean inconscientemente “resarcirse”. ¿Cuántas veces se dice ante cualquier defecto de los hijos: ¿“Yo a tu edad”…?

Cuando hablábamos de que una causa del complejo es la exigencia desorbitada no quiere decir que se deje a los hijos hacer lo les venga en gana. El secreto de la educación está en conseguir que quieran aquello que deben hacer. El muchacho no debe hacer lo que quiere, sino querer lo que hace.

Es evidente que nuestro hijo necesita que se le exija, pero no por encima de lo “posible”. Hay que llegar a un umbral en el que la exigencia sea lo suficientemente fácil para que el niño pueda cumplir y lo suficientemente difícil para que se supere. Así se avanza, pues el umbral irá elevándose.

 

CONTRA LOS DEFECTOS

Y si se trata de una inferioridad real –física o psíquica–, en vez de tratar de ocultarla a sus ojos con la vana esperanza de que pueda ignorarla para siempre, habrá que enseñarle a sublimarla y situarla en su justa importancia. Lo primero es un poco cobarde e irreal. Quizá en casa no se hable de ello, pero en la calle le acribillarán …y no se puede estar sobreprotegiéndole a cada momento.

Un chico que deba vivir con un defecto tiene mucho mérito y hay que hacérselo ver de este modo, para que tenga un alto concepto de sí. Cada cual presenta unas limitaciones, más o menos acusadas, que debe asumir y unas cualidades notables que hay que saber desarrollar y propiciar.

 PARA PENSAR

  • Toda comparación es odiosa, especialmente cuando es reiterativa y dejamos siempre por debajo al hijo, A su edad no se era mejor ni peor, sólo distintos.
  • Con solo pensar un poco no será difícil descubrir alguna cualidad del niño en la que sea posible apoyarse para ayudarle. Alguna afición especial, algún deporte en el que destaque, alguna virtud… Si se le reconocen los méritos verá el mundo con otros ojos y se sentirá rehabilitado.
  • Intentar elogiarle tres cosas al día. No hace falta esperar encontrar virtudes. Que vea que su familia está a su favor.
  • Cuando tenga algún defecto no hay que ocultarle lo que es una realidad: un defecto. Es algo que no puede ignorar. Al revés, tiene que superarlo y darse cuenta de que tiene mucho mérito saber llevarlo bien. Que se dé cuenta de que es una persona especial para que tenga un alto concepto de sí.

…Y ACTUAR

A veces, el complejo de inferioridad se revela con una excesiva timidez, con pereza, con accesos de rabia o con galimatías más o menos imaginativos que pueden llegar a poner muy nerviosos. En todo caso, hay que tratar de evitar siempre el reprender los hechos relacionados con el complejo, con los defectos, mediante comparaciones. Pero, por supuesto, no se puede dejar pasar que no cumpla con sus obligaciones como hacerse la cama, ser ordenado, etc.

Por María Lucea
Tomado de la Revista Hacer Familia 213

 

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