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¿Cómo lograr que nuestros hijos varones sean personas amables en vez de machos?

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En EE.UU hace unos días dos escolares fueron encontrados culpables de atacar sexualmente a otra adolescente. En una fiesta, donde estos dos jugadores de fútbol americano celebraban con sus amigos, la muchacha se emborrachó y ellos abusaron de ella delante de todos. El resto de chicos tomaron fotos y videos con sus celulares y, durante los siguientes días, usaron esas imágenes para atormentar a la víctima. Así ella también se enteró de lo sucedido y más tarde este material fue usado como evidencia en el juicio. Este es un caso que nos sirve para reflexionar como padres.

Esto sucedió en Steubenville, una ciudad americana empobrecida, cuyos jugadores de fútbol americano son tratados como héroes.

¿Cómo evitar este tipo de crueldad en los jóvenes? Kim Simon, madre y autora del blog mamabythebay.com, cuenta que cuando su niño era un bebé, asistía a una clase de estimulación temprana. Y que en uno de esos círculos, cuando las mamás se sientan con sus niños y conversan entre ellas, la instructora les preguntó cómo les gustaría que sus hijos sean cuando crezcan. La mayoría respondió, ‘fuerte’, ‘atleta’, ‘valiente’, ‘inteligente’. Ella contestó ‘amable’. Las otras mamás se sorprendieron.

Una violación se trata de poder y violencia. Y lamentablemente, se da también entre adolescentes. Para Kim Simon, mucha de esta violencia está alimentada por la cultura del macho. En el caso de Steubenville, se glorifica al jugador de fútbol americano, por traerle algo de gloria a la ciudad, y se pasan por alto sus errores. Las muchachas se visten de porristas para alentarlos y para ellas no existe una gloria equivalente a la de estos atletas. Esto explica por qué nadie paró a estos dos chicos mientras abusaban de su amiga en público.

Esto también sucede en nuestro país. A los chicos se les enseña a ser machos, desde la casa. Las mujercitas son las que ayudan con los quehaceres del hogar, las que levantan la mesa después de comer. A los niños se les dice que un hombre no llora. A los jugadores de fútbol se les alienta como si se tratase de héroes nacionales, hasta recordamos guerras pasadas cada vez que se enfrentan a algún país rival; pero a las chicas del vóley, las que consiguen los verdaderos triunfos, no se les da un trato equivalente.

Los padres somos responsables de que esto suceda y podemos evitar estos terribles casos de abuso y violencia.

Debemos enseñarle a nuestros niños a ser amables: Hay que inculcarles empatía y compasión desde muy temprano. Un niño pequeño puede aprender a usar palabras de bondad: ‘Amigo, ¿estás bien?’, ‘Amigo, por qué lloras, te hiciste una herida? Anima a tus hijos hombres a ser conscientes de los sentimientos de otros. ‘Mamá está triste. Nuestro amigo Roberto está enfermo, y yo quiero que se sienta mejor’. Enséñale a reconocer y expresar sus propios sentimientos.

Dale tareas para que desarrolle la capacidad de ser amable con otros. Hazlo escribir cartas de agradecimiento cuando reciba un regalo, explícale que cuando vea a uno de sus compañeritos solo en el patio del colegio, que se acerque a él y le pregunte cómo está. No solo invites amigos a la casa, son también amigas para que juegue con niñas.

Hay que enseñarles el verdadero significado de la valentía: Valentía no es la ausencia miedo, sino hacer algo pese al miedo. Cuántos de esos testigos en esa fiesta sabían que lo que sus amigos estaban haciendo era terrible, pero no fueron lo suficientemente valientes para enfrentárseles, o a arruinar su reputación de macho. Enséñales a tus hijos que el coraje es difícil y que tenemos que usarlo en momentos complicados. Siempre predica con el ejemplo.

Hablemos de sexo con nuestros hijos. Desde pequeños, tenemos que conversar con ellos sobre el tema, pero de acuerdo a su edad. Cuando son chiquitos, debemos explicarles que no pueden quitarse la ropa delante de las visitas, por ejemplo. Cuando van creciendo, la conversación evoluciona. Como padres, nuestra meta no es que nuestros hijos varones no embaracen a alguien. La meta es que en el futuro, cuando sean adultos, sean respetuosos y amables con sus parejas a nivel sexual. No se trata de darles condones y hablarles de las ETS. Hay que explicarles a los adolescentes cómo es el sexo en realidad, no que lo aprendan de sus amigos o, peor aun, del porno, donde todo está muy tergiversado. Que sepan cuándo una chica dice sí y cuándo ellos deben parar. El sexo no es una necesidad física, es una manera de relacionarte con otra persona.

Debemos dar a nuestros hijos las herramientas que necesitan para protegerse a sí mismos y a los demás. ¿Puede tu hijo decirte la verdad, sin que tú te enojes fácilmente? ¿Confía en que tú estás de su parte y que, si lo necesita, puede contarte de todo? ¿Podría tu hijo llamarte en la madrugada, desde una fiesta y durante una emergencia, sin que tú te molestes ni hagas preguntas innecesarias (el tiempo para eso viene después)? Cualquiera de los testigos en esa fiesta en Steubenville pudo haber llamado a sus padres o a la policía, pero mucho tuvieron miedo, quizá también porque muchos estaban intoxicados. Demuéstrales a tus hijos que pueden confiar en ti en todo momento y que serás un apoyo grande para ellos durante una emergencia.

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Foto: http://www.freedigitalphotos.net

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Archivado bajo BULLYING, INTELIGENCIA EMOCIONAL

Forma parte de la escuela de tus hijos

Por Óscar González de El Blog de Oscar González

Veamos los siguientes casos:

  • “Una madre invita a los alumnos de la clase de cuarto de primaria de su hijo a que visiten el lugar donde trabaja junto con su profesor”.
  • “Un profesor invita al padre de un alumno para que acuda a la clase a explicar en qué consiste su trabajo como médico en un centro de salud”.
  •  “Un grupo de padres y docentes se reúnen una vez al mes en la Escuela de Madres y padres del centro educativo para compartir experiencias”.

 ¿Qué tienen en común todas estas personas? Están colaborando activamente en la educación de sus hijos al formar parte de sus escuelas. No es necesario que los padres sean expertos en educación para que puedan manifestar sus preocupaciones y compartir sus conocimientos con la escuela de sus hijos.

Cada vez estoy más convencido de que este es el camino que debemos seguir: el centro educativo tiene que beneficiarse y enriquecerse de la implicación y la colaboración activa de las familias con la escuela. Para que esto ocurra debemos promover una actitud de apertura desde el propio centro evitando al máximo la postura opuesta, un “cierre institucional” tan frecuente en algunos centros educativos donde sus equipos directivos (en concreto sus directores) no permiten a los padres “entrar en la escuela” y colaborar activamente con la misma.

Implicar a las familias con la escuela es un proceso lento y paciente que nos puede llevar mucho tiempo ya que es necesario cambiar estructuras y formas de organización de los centros así como empezar a establecer un cambio de conciencia que nos ayude tanto a las familias como a los docentes a vernos como “socios” y “aliados” y no como “rivales” o “enemigos” y actuemos como un auténtico equipo educativo. Y esto no se puede conseguir de la noche a la mañana pues como digo, es un proceso lento. No me cansaré de repetir los grandes beneficios de la implicación de las familias con la escuela. Estos son solo algunos de ellos, que ya mencione en un post anterior:

 – Cuando los padres se implican en la educación de sus hijos en casa, estos tienen mejores resultados en la escuela. Y cuando los padres se implican en la escuela, los niños permanecen más tiempo dentro del sistema educativo,  y las escuelas lo hacen mejor”. (HENDERSON& BERLA)

 – Cuando niños y padres hablan regularmente sobre la escuela, los resultados académicos de los niños son mejores ( HO & WILMS).

 – Hay algunas actividades de los padres en casa que están firmemente asociados con el éxito escolar de los niños: Ayudar a que el niño organice su tiempo, ayudarle con los deberes, y hablar con él de los temas escolares. La vigilancia para que los alumnos realicen las tareas en casa, la lectura de los padres a los niños, y la participación en actividades voluntarias, tienen una influencia positiva en la educación de los niños (JORDAN, OROZCO & AVERET)

 – Los padres que leen a sus hijos antes de que entren en la escuela favorecen su aprendizaje. Hablar a los niños sobre libros e historias también ayuda al progreso lector.

 – Cuanto antes comience la implicación de los padres con la educación de sus hijos, más poderosos serán los efectos (COTTON & WIKELUND 1997) 

 – Los resultados de la implicación parental incluyen una mejora de los resultados escolares, reducción del absentismo, mejora de la conducta, y restaura la confianza de los padres en el sistema educativo (“The Home-School Connection Selected Partnership Programs in Large Cities”, Institute for Responsive Education, Boston)

 – Cuando las guarderías o escuelas infantiles hacen una reunión con los padres para explicarles la importancia de la implicación temprana en la educación, se han conseguido mejoras importantes en (1) el tiempo y la frecuencia con que los padres leen a sus hijos, (2) el número de visitas que los padres hacen a los centros, (3) las relaciones entre los padres con hijos de la misma edad. (KREIDER )

 – Las expectativas de los padres manifiestan una significativa influencia en los resultados de los alumnos en todas las áreas curriculares y en todos los cursos de la ESO. (MARCHESI & MARTIN )

 – La idea que los padres tienen de la educación  influye en su actitud y en los resultados.

 – El alejamiento de la familia respecto de la escuela favorece el fracaso escolar.

 Como vemos, motivos más que suficientes como para que nos tomemos esta colaboración muy en serio. Pero los padres se preguntan: ¿qué puedo hacer yo para implicarme?, ¿de qué forma puedo colaborar en la escuela de mis hijos? Me gustaría ofrecer algunas claves para ayudar a que esta implicación sea real y efectiva:

  • Busca la forma de presentarte y conocer mejor a los profesores de tus hijos al inicio de curso. La primera toma de contacto es fundamental para intercambiar impresiones. Aquí podemos manifestar nuestras intenciones de “formar equipo”.
  • Muestra tu agradecimiento y satisfacción hacia el centro educativo y su profesorado por algo que hayan realizado. No podemos únicamente criticar y quejarnos cuando se hace algo mal en la escuela. Lo que está bien hecho también ha de reconocerse y valorarse.
  • Haz llegar al centro tus ideas, sugerencias, aportaciones y preocupaciones para que las tomen en consideración. Si no recibes la respuesta esperada, sigue insistiendo. Busca otras formas y fórmulas para hacer llegar tus propuestas. Nunca pienses que eres un/a pesado/a.
  • Practica de vez en cuando la empatía poniéndote en el lugar del profesor o del equipo directivo del centro: ¿de qué forma actuarías tú en su posición?
  • Si tienes algún  problema, háblalo directamente con la persona que corresponda. Evita los famosos “corrillos” a las puertas del colegio que tan dañinos y tóxicos son. Hay lugares y momentos concretos para resolver estos temas. Hagámoslo donde y como corresponde.
  • Ofrece al profesor la posibilidad de colaborar con él ofreciendo tus conocimientos sobre un determinado tema (de tu trabajo, por ejemplo) relacionado con los contenidos que están trabajando en el aula.
  • Nunca te enfrentes con el profesor de tu hijo. Busca siempre la forma de llegar a un entendimiento a través de una buena y sincera comunicación.
  • Cuando hables con el profesorado sé sincero, no hagas uso de un “doble lenguaje”(delante digo una cosa pero por detrás otra bien distinta).

 Estas son algunas ideas y sugerencias personales, se podrían añadir muchísimas más. Como muy bien se destaca en el documento PISA IN FOCUS nº10: “los profesores, las escuelas y los sistemas educativos deben estudiar cómo pueden ayudar a los padres que están muy ocupados a desempeñar un papel más activo en la educación de sus hijos tanto dentro como fuera de la escuela”. Queda patente que la implicación de las familias es más necesaria que nunca. Tenemos la obligación de convertir la escuela en un espacio de cooperación entre el profesorado y las familias. Para saber qué puedes hacer tú para contribuir a establecer este EQUIPO EDUCATIVO te recomiendo que leas mi artículo: Empieza el nuevo curso. Familia y escuela nos necesitamos

Tú puedes enriquecer en gran medida la educación de tus hijos colaborando y participando activamente en la escuela. Plantéate la siguiente cuestión: ¿qué estoy haciendo yo para mejorar la escuela de mis hijos?No eches la culpa a la escuela y su entorno. Tampoco eches la culpa al profesorado. Hacerlo es hacerse la víctima y en este mundo ya hay demasiada gente que lo hace. Culpar a los demás es poner excusas… ¿Qué es lo que te gusta de la escuela de tus hijos?, ¿qué puedes hacer para implicarte más todavía? Escríbelo en una lista. Después haz algo para mejorar las cosas. Ponerlo por escrito es el primer paso pero no basta con escribirlo, es necesario pasar a la acción…

 Como afirma Robin Sharma “¿Sabes lo que pasa cuando trabajas en tu esfera de influencia para mejorar las cosas? Que tu esfera de influencia crece y se expande”. Por tanto, cumple con tu compromiso. La escuela de tus hijos será un lugar mejor si lo haces. Acuéstate cada día pudiendo afirmar: “la escuela de mis hijos es la mejor porque yo colaboro con ella”.

 “No hace falta que ilumines el mundo; bastará con que ilumines el rincón del mundo en que te ha tocado estar” Suzuki, maestro Zen

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Archivado bajo ÓSCAR GONZÁLEZ, DE MIS AMIGOS, EN LA ESCUELA