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Retirar la atención: ignorar conductas inadecuadas. La técnica de la extinción.

técnica extinción

Ilustración del libro Ternura y firmeza con los hijos de Dr. Alexander Lyford-Pike

Por Sara Tarrés, del blog Mi mamá es psicóloga infantil

La atención y el elogio otorgados por padres o adultos de referencia son unos de los reforzadores más importantes que puede recibir un niño pequeño. Así que, por lógica y sentido común, cuando ignoramos o no prestamos atención a las conductas inapropiadas que realiza nuestro hijo contribuimos a disminuir o extinguir dichas conductas. Éstas tienden a desaparecer al no recibir ningún refuerzo para mantenerlas.

Frecuentemente acompañaremos la «extinción» con el time-out (tiempo fuera, silla o rincón de pensar) para que sea más efectiva, dependerá eso sí del tipo de comportamiento y del lugar dónde se produzca.

«Cuando tratamos de extinguir una conducta inadecuada, no debemos olvidar tratar simultáneamente de crear o incrementar otras conductas más adaptadas. Premiaremos cualquier pequeño esfuerzo o progreso del niño, sin exigir la perfección de la conducta positiva» ( José A. Carrobles, Javier Pérez-Pareja. Escuela de padres).

¿Cómo se aplica?
Cuando aplicamos la extinción sencillamente ignoramos aquellas conductas que consideramos negativas, disruptivas o poco adaptadas o adecuadas a la situación.
Por ejemplo, nuestro hijo cada vez que hablamos por teléfono nos interrumpe. Lo hace para llamarnos la atención. Teniendo claro que tanto si le reñimos como si le pedimos por favor que nos deje terminar la conversación, le estamos prestando atención y eso es lo que mantiene su conducta en el futuro, lo mejor es ignorarle.

Ignorar significa:

  • No mirar.
  • No escuchar.
  • No hablar ni razonar.
  • No hacer ningún gesto ni expresión, ni comentarios en voz baja.

¿Cuándo podemos utilizar la exitinción?

Podemos ignorar cualquier tipo de conducta siempre y cuando ésta no suponga ningún peligro para el niño o para los demás. En caso que el niño realice algún comportamiento que pusiera en riesgo su integridad física o la de sus hermanos o compañero, por ejemplo pegar, en ningún caso podríamos aplicar esta técnica.

Y después …
Tras ignorar el comportamiento inadecuado buscaremos inmediatamente cualquier comportamiento positivo que elogiar. Por ejemplo, si nuestro hijo está en plena rabieta y hemos decidido ignorar sus gritos y pataletas, en el momento que se encuentre algo más calmado le elogiaremos por haber encontrado el modo de tranquilizarse. De este modo le estamos enseñando que con los gritos y las pataletas no obtendrá nada y que mostrarse tranquilo y calmado es mejor conducta.

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“Le he empezado a decir a mis hijas que soy bella”

Autoestima

@mafalda

Los hijos siempre son la cosa más bella que haya visto este mundo. Sus caras redondas, su piel perfecta, el labio superior gordito… “Son aquello de lo que está hecha la belleza”, cuenta Amanda King, autora del blog Last Mom on Earth. Y ellos lo saben, se los decimos todo el tiempo: “eres hermosa”, “eres un churro”.

A sus ojitos, su madre también es bella. Su madre es calidez, protección y belleza. Sin embargo, qué contradicción más terrible, cuando la madre no se considera bella, y odia su imagen en el espejo. Esa niñita o ese niñito crecerá escuchando a su madre decir “qué gorda estoy”, “qué fea me veo”, “ella sí es perfecta, yo no”; o la verá haciendo dietas sufridas, porque nunca está conforme con su cuerpo.

Qué confuso es para los hijos, tan seguros de la belleza de su mamá, que ella les diga con su actitud: “tú crees que soy bella, pero estás equivocado. Tú eres pequeño y me amas, pero no eres todavía suficientemente inteligente para saber que soy poco atractiva. Sé que soy fea, porque me miro con ojos crueles”.

Todos esas publicidades a los que estamos expuestos, con mujeres ‘arregladas’ por el PhotoShop; esos programas de televisión con chicas ultraflacas y siempre jóvenes tampoco ayudan, porque se les da un mensaje de falsa perfección y belleza a nuestros hijos.

Así que Amanda King decidió decirles a sus hijas que ella también es bella. “Mírenme, niñas, miren qué bella soy, hoy me siento muy bella”, les dijo. Y las niñas no mostraron sorpresa, porque ya lo sabían.

“No quiero que mis hijas sean niñas que son perfectas y luego, cuando comiencen a sentirse como mujeres, se acuerden cómo su madre se consideraba fea y así ellas también lo serán. Ellas van a envejecer y sus pechos perderán su forma y ellas odiarán sus cuerpos, porque eso es lo que las mujeres hacen. Eso fue lo que mami hizo. Quiero que ellas se conviertan en mujeres que me recuerden modelando una belleza imposible. Modelando belleza en la cara de un mundo cruel y aterrador”.

Los niños deben saber que hay belleza en todos y su madre debe ser el primer modelo. Si les enseñamos a nuestros hijos a no ser crueles con otras personas, visiblemente diferentes, pero somos crueles con nosotras mismas, estamos dándole mensajes contrarios. Pero para decirles que su mamá es bella, hay que creerlo de verdad.

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15 mandamientos de la madre encantadora

padres

Foto: @lamamaoca

1. No gritaré a mis hijos cuando esté molesta. Auque me sienta desesperada, utilizaré un tono de voz firme, pero calmado. Si debo insistir en una orden, lo haré diciendo “por favor” primero.

2. Si no pude controlarme y el grito salió, por lo menos evitaré que sea gutural.

3. Manejaré calmada. Aun así los otros conductores se lo merezcan, evitaré lanzar improperios, sobre todo con los chicos en el carro.

4. No usaré malas palabras. Especialmente para que mis hijos no las repitan (y ahorrarme la vergüenza de que pienses que si el niño lo dice, es porque lo escucha en casa).

5. No dormiré una siesta, sobre todo si los amigos de mis hijos están de visita.

6. No regañaré a los hijos de los demás, que para eso están sus padres. Tampoco defenderé a mis hijos frente a otros niños. Lo mejor es que se arreglen entre iguales.

7. En una fiesta de cumpleaños, no iré tras el relleno de la piñata como desesperada ni obligaré a los otros niños a compartir su botín conmigo. Y menos si mi hijo no muestra interés.

8.No le daré consejos a mis hijos en voz alta en público, ni les hablaré como si yo también fuera un niño delante de otras personas. Las conversaciones con los niños serán discretas, como con los adultos.

9. No usaré el plural cuando hable con mi hijo. No diré “tenemos piojos”, “estamos cansados” o “no hemos ido al baño”.

10. No me enviciaré con el smartphone delante de mi hijo. Y si ya no pude evitarlo, haré el esfuerzo por mantener el hilo de la conversación.

11. No le hablaré a la gente de las proezas de mis hijos, y menos a los que son padres. En general, trataré de no tocar ese tema.

12. No le daré el teléfono para que conteste la llamada a mi hijo que está aprendiendo a hablar. Otras personas no tienen por qué ser víctimas de su balbuceo adorable.

13. Intentaré no criticar a las otras mamás. Y no le pediré a mi hijo que se vaya “a dar un paseo” para poder criticar a mis anchas.

14. Trataré con respeto al profesor, sobre todo en las reuniones con los papás. No le daré la contra ni criticaré sus propuestas. Si algo no me gusta o si tengo dudas sobre mi hijo, las conversaré en privado con el profesor.

15. Me esforzaré en conocer a los compañeros de mis hijos y a sus mamás. Mejor aun si me aprendo los nombres. Si mi memoria es mala, usaré la técnica de asociación de ideas, pero no pondré en juego mi reputación de madre encantadora.

Tomado de Revista Hacer Familia, Edición 219

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Educar a los hijos: Errores que los padres deben evitar

Los expertos afirman que educar hoy es más difícil que en otras generaciones. En estos tiempos, en los que los niños viven expuestos a múltiples estímulos y la relación con ellos es más informal, estos son los errores más comunes de los padres:

– Intentar ser amigos en lugar de padres. Pocas cosas confunden tanto a un chico como ver a un adulto actuando como un niño.

– Intentar ‘comprarlos’ poniéndose siempre de su parte. En un principio es la postura más cómoda, aunque tarde o temprano, se vuelve en contra de quien la ejerce.

– Protegerlos en exceso, hacer que el mundo gire en torno suyo. Los padres deben estar a su lado, pero para ayudarles, no para asfixiarlos. Los niños deben vivir sus propias crisis y serán estas las que les permitan generar sus propios recursos y habilidades.

– Pretender razonar en medio de una discusión, o tratar de imponer en lugar de sugerir.

– Mostrar impaciencia, meter prisa, transmitir tensión.

– Sacrificar constantemente a los otros hermanos o miembros de la familia.

– Cerrar los ojos: negar lo evidente y pensar que los otros exageran.

– Favorecer el consumismo. Darles desde pequeños todo lo que piden. De esa forma empiezan a no darle valor a las cosas y terminan por no dárselo a las personas.

Educar en el resentimiento, en la intolerancia, en la falta de generosidad y en la ausencia de valores.

(Tomado de Errores que deben evitar los padres al educar a sus hijos. Artículo de ABC escrito por L. Peraita.)

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Educación con Firmeza

Comunicación en la Familia

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