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Los pilares fundamentales de la comunicación en el matrimonio (PARTE 2)

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Cuarto pilar: El trabajo profesional

El trabajo profesional es aquello que ocupa la mayoría del tiempo de los esposos. Es en función de éste que se organizan. Esta labor se lleva a cabo con competencia, esfuerzo y mentalidad de mejora, dentro o fuera de casa, remunerada o no. Esta actividad es tan importante para cada uno de los esposos que ocupa un lugar importante en la comunicación entre ellos.

Conversar sobre el trabajo no solo es estimulante para los cónyuges, sino que pueden ayudarse mutuamente con consejo y una perspectiva diferente. El interés que uno de los esposos demuestre por el trabajo del otro le da seguridad y hace que las dificultades sean más llevaderas.

Si el mundo profesional de la mujer se da a nivel del hogar, ella necesita del respaldo de su esposo y del apoyo en ciertas tareas, sobre todo en la educación de los hijos.

Todos los trabajos requieren entrega y sacrificio, por eso sería injusto si alguno en la relación no le da ese reconocimiento a su pareja porque éste tiene un trabajo con poco prestigio, que pague poco o nada (en el caso de las amas de casa) o que no le guste. Ese sentimiento de superioridad da lugar a reproches y resentimientos.

La casa es también un trabajo

Una ama de casa tiene un trabajo fuerte. No es un trabajo poco mental, poco importante o solo para mujeres. Para que un hogar funcione, necesita de criterio profesional. Un ama de casa o un hombre que realice esta labor (son cada vez más comunes) es la responsable de nutrir a su familia, de organizar las finanzas, del ahorro. El oficio de esta persona también merece el interés de su pareja.

Quinto pilar: La sexualidad en el matrimonio

Se llega a una sexualidad plena con la pareja, solo si antes ha habido una comunicación de la intimidad de cada uno. Una vida sexual satisfactoria no es solo contacto físico, porque podría limitarse al mero encuentro de dos egoísmos. La entrega corporal es el resultado del amor y la comunicación. La espiritualidad en una relación es igual de necesaria que la sexualidad y ambas deben ir de la mano.

Los temas sexuales no pueden ser callados por vergüenza o temor.

Sexto pilar: La familia

En este campo, el uso de diplomacia sobre la familia carnal y política garantiza el éxito de la comunicación e impide fricciones innecesarias en la pareja. Por más que uno tenga presente los defectos de su familia (padres y hermanos), si alguien los saca a la luz, así sea el esposo o la esposa, uno va a querer protegerlos.

Con la familia de tu pareja, procura: interesarte por ellos, tener detalles afectuosos, pasar por alto pequeñas discusiones, perdonar los disgustos, ser prudente y justo, ser positivo en los juicios y mantener la serenidad ante alguna acusación.

Evita: Enfrentamientos, reprochar (“tu hermana hizo esto mal”), usar calificativos o generalizaciones, entrometerse, ignorar a la familia del cónyuge, preguntar más de lo que se te quiera decir.

Ni bien una pareja se casa, puede suceder que las familias de ambos se entrometan. Los esposos deben demostrarles que para ellos la independencia y el espacio propio son importantes desde el comienzo, porque luego se volverá más difícil. Con mucha gracia, deben dejarles en claro a sus familiares que no pueden entrometerse en su intimidad.

Pero, si ya es tarde, todavía pueden hacerlo. Primero convérsenlo entre ustedes, los esposos, y pónganse de acuerdo. Luego, con mucho cariño, comuníquenle a la familia que están buscando su propio espacio. Sean firmes, mantengan su postura y comprométanse a esforzarse para que se cumpla.

 Pilar número 7: Dinero y economía doméstica

Aunque uno sea el que aporte más, la economía del hogar es de los dos. El matrimonio es una empresa común y ambos son socios. Todas las decisiones que tomen sobre el dinero, como ahorrarlo, invertirlo o gastarlo, debe ser de mutuo acuerdo y sin engaños.

Los esposos deben: conocer los ingresos del otro y los gastos del hogar, hacer una distribución racional, confiar en el criterio del otro para gastar y educar a los hijos en el uso responsable del dinero. Las cuentas siempre deben estar claras y una comunicación fluida sobre la economía en casa es la única manera de lograrlo.

Para ver Los pilares fundamentales de la comunicación en el matrimonio- Parte 1- haz click aquí

(Adaptado de ‘La comunicación en el matrimonio’ de Gloria Elena Franco Cuartas)

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Los pilares fundamentales de la comunicación en el matrimonio (PARTE 1)

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Foto: Película “Up”

¿De qué conversan los esposos? Pues de la vida diaria, de la familia y amigos, del trabajo y las aficiones. La comunicación entre ellos debe fluir con naturalidad, ser honesta y sencilla, sin mayores cargas dramáticas.

Hay 7 pilares fundamentales en la comunicación dentro del matrimonio. Estos son 7 temas que aparecen en algún momento de la vida diaria en pareja. No tienen un orden especial, ya que todos son capitales:

Primer pilar: Valores

La comunicación en este campo es psicológica, porque se comparten personalidad, sentimientos y convicciones. También es espiritual, porque se comunican creencias y principios. Ambos esposos buscan objetivos comunes, superiores a sí mismos: el amor verdadero no solo comparte cuerpo, sino alma. Este pilar da fundamento a una educación sólida para la vida moral y religiosa de los hijos.

Segundo pilar: Sentimientos y afectos

Estos nos ayudan a salir de nosotros mismos y pensar en los otros. Los sentimientos y afectos son esas pequeñas grandes cosas que se comunican los que se quieren. Conversar en la mesa sobre una anécdota divertida, decir un te quiero o te extraño, hablar sobre el nacimiento del hijo de un amigo. Nada que venga de los sentimientos, propios y ajenos, es trivial.

La comunicación de afectos y sentimientos tiene aspectos muy prácticos y simples como estos: tomar en serio las opiniones del otro, respetar sus ideas, pedir ayuda buscando la compañía del otro, pedir consejo y soluciones rápidas para un problema o tomar en cuenta sus sugerencias.

El amor obviamente no puede dejarse de mencionar. Este es un sentimiento gratificante, que se apoya en la voluntad y la inteligencia para conducir a un compromiso que es fidelidad. El mejor amor es aquel que lo entrega todo y busca la felicidad plena del otro. El amor entre esposos debe ayudarlos a encontrar mejora personal, porque sino eventualmente llegará el vacío por una necesidad afectiva insatisfecha. La comprensión es básica en la relación, y con el verdadero amor el egoísmo es superado.

Tercer pilar: Los hijos y el hogar

El hogar y los hijos son un pilar de primer orden en lo que a comunicación matrimonial se refiere. Esta es importante para comprender a los hijos y facilitar su formación. Son tema obligado entre los esposos: los amigos de nuestros hijos, su colegio, los estímulos y castigos, la rebeldía, etc.

Ambos padres deben estar unidos en criterio a la hora de educar. La visión femenina y la masculina aportan en la formación equilibrada de los chicos. Recuerda que la educación de los hijos comienza con la comunicación de los padres.

Ellos deben notar que sus padres se comunican. En vez de decirles “que lo decida tu madre”, sería mejor un “déjame conversarlo con tu madre y luego te contamos nuestra decisión”. Si el hijo no encuentra unión y comunicación entre sus padres, irá donde más le conviene. Es vital que los papás se comuniquen con sus hijos, pero aun más entre ellos.

Los deberes en casa

El hogar, sitio de convivencia familiar, es también parte importante de la comunicación de pareja. ¿Cómo lograr que sea un lugar en el que se formen gratos recuerdos? ¿Cómo repartir las tareas? Para garantizarles a los hijos un futuro feliz, les debemos dar un presente estable y pleno, que les dé seguridad y que les dé una idea clara del sentido del deber.

Mamá no tiene que hacer todas las tareas de la casa. Y la hija no es la única que debe ayudarla. Manda a tu hijo a barrer, planchar o lavar el baño. Que tu esposo lave los platos después de la cena. Qué tal si en vez de llamar al cerrajero para arreglar la manija de la puerta del baño, papá lo intenta. El hogar debe ser prioridad para todos los que lo habitan. Y ver a papá trabajar en él tan duro como mamá le da a los hijos un gran ejemplo, confianza y le otorgarán valor a las tareas del hogar. Una comunicación fluida entre todos los miembros –a través de algún sistema creado en casa, como post-its en la refrigeradora, por ejemplo- hará saber a cada uno cuál es su obligación en casa y qué les falta reforzar.

Miren al hogar como un negocio, que en vez de darle dinero, le da felicidad a la familia. Por ello vale la pena la inversión de fuerza y tiempo, por parte de todos, en su mantenimiento.

(Adaptado de ‘La comunicación en el matrimonio’ de Gloria Elena Franco Cuartas)

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El llanto de los bebés comunica

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Pautas para una buena comunicación familiar (O cómo no perder la paciencia con los hijos PARTE 1)

Una buena comunicación asegura la felicidad en una familia. Lamentablemente, muchas la toman por sentado. Repasemos estas reglas que ayudarán a mejorar la relación familiar.

1. Hablaremos las cosas con quien convenga y en el momento oportuno. No diremos más de lo que debemos ni nada de lo que después podamos arrepentirnos.

2. Cuando la prudencia aconseje no hablarlo todo, seleccionaremos aquello que mejor le va a quien nos dirigimos.

3. Respetaremos la intimidad de nuestros hijos. Guardaremos nuestra propia intimidad. Cuando sentimos que invaden nuestra intimidad, dejaremos de confiar en quien lo hizo, por eso es importante respetarla.

4. Cuando tengamos que corregir, lo haremos a solas y con el mayor cariño posible.

5. Si al dar una indicación a nuestros hijos, vemos que ha no ha sido entendida, guardaremos la calma. Repetiremos lo que queremos, usaremos otras palabras y nos aseguraremos que ha sido bien comprendida. Si es necesario, haremos que nuestro hijo repita lo dicho.

6. Cuando alguno falle, no perderemos la confianza en él. Es cuando debemos permitirle que demuestre su valor. Le daremos una segunda oportunidad. Tendremos presente que la buena comunicación se consigue gracias a la receptividad y capacidad de escucha del emisor y el receptor.

(Tomado de ‘El Proceso de la Comunicación’, de Gloria Elena Franco Cuartas)

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