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¿Se ejerce mayor autoridad alzando la voz?

Gritar a los hijos

Ilustración tomada del libro «TERNURA Y FIRMEZA CON LOS HIJOS»
del Dr. Alexander Lyford-Pike

Los padres cuando desean hacerse escuchar por sus hijos, muchas veces suben el tono de la voz, llegando incluso a los gritos. ¿Es una medida eficiente? Reflexionemos:

1. No ejerces mayor autoridad cuando gritas. Justamente haces lo contrario, ya que los niños creen que los gritos se contestan con gritos. Y tus hijos podrían terminar gritándote.

2. Los niños viven en un mundo lleno de ruidos y tus gritos solo se convierten en eso.

3. Los gritos de los padres a veces empiezan desde mucho antes, desde que sus hijos son bebés y no entienden palabras. Ya cuando son niños, están tan saturados que se bloquean y no les llega el mensaje.

4. Observa si los gritos en casa también se dan cuando te comunicas con tu pareja o si tu hogar está lleno de ruidos, como el volumen fuerte del televisor.

5. Si le gritas a tus hijos, ellos saldrán ganando, porque en una competencia de voces, las más agudas se hacen escuchar mejor. Dejarán de pensar y su único argumento será el ruido de sus gargantas.

Cómo lograr corregirlos sin gritos:

Si quieres que el mensaje cale, utiliza un tono de voz bajo, firme, más pausado y sereno. No caigas en la competencia de gritos. Si ellos suben la voz, tú habla más bajo.

Papá y mamá deben estar alineados. Si uno de ustedes ha corregido algo en el niño, tiene que haber mucha coherencia tanto con tus acciones como las de tu pareja.

Del artículo La fuerza por la boca de Antonio Vásquez (en la Revista Hacer Familia)

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Un ejemplo de firmeza

Hoy encontré este artículo en www.abc.es que nos habla de cómo a veces cometemos errores en la educación de nuestros hijos pero que siempre hay tiempo de remediarlo. Es cuestión de revisar constantemente nuestro plan educativo y retomar el camino correcto. Me pareció interesante y divertido.

Una madre canadiense gana una huelga en su propia casa

Harta de recoger y limpiar lo que sus hijas adolescentes dejaban sin hacer, Jessica Stilwell se plantó… y logró que reaccionaran

Algunas de las fotos que la madre colgó en su blog

El 1 de octubre Jessica Stilwell declaraba una silenciosa batalla en su hogar. Harta de limpiar, ordenar y recoger todo lo que sus hijas adolescentes dejaban tirado por la casa, había decidido declararse en huelga. Su marido la apoyaba. Iban a ser unos días difíciles, pero el fin lo merecía.

«Primer día de no recoger, ordenar, lavar, limpiar, recordando o regañando», relataba esta madre canadiense en su blog. El matrimonio limpiaba y lavaba solo lo que ellos ensuciaban. «A las 18:00 horas los platos del desayuno y los de la cena aún están en la mesa. El lavavajillas está desbordado, los zapatos y mochilas están en medio del pasillo. Hay calcetines sucios, botellas vacías de Gatorade y kleenex usados detrás de mi sofá». Ella, sentada, se tomaba un vaso de vino mientras una de sus hijas le preguntaba por qué actuaba de forma tan extraña.

Durante el fin de semana se había dado cuenta de que sus hijas, dos mellizas de 13 años y una más pequeña de 10, incumplían con los encargos que tenían desde pequeñas y debía hacerles comprender que «su madre no era su empleada», según explicó a la BBC. «Me di cuenta de que estaba haciendo todo por ellas porque me resultaba más fácil, así que cuando mi esposo volvió de jugar al golf le dije: «Ya está. Mañana empezamos una huelga»».

Con sentido del humor fue relatando en su cuaderno de bitácoras el esfuerzo que le supuso ver cómo el caos se apoderaba de su casa día a día. «He aprendido muchas cosas hoy», escribía el día 2. «Los cereales con leche de una taza comienzan a oler mal mucho antes de lo que cabría esperar» y «si dejas el lavavajillas abierto todo el día con platos sucios, el perro lamerá todo». La mugre se extendió por la casa. Al cuarto día descubrieron algo parecido al queso en un vaso de leche abandonado.

Como las niñas no limpiaban las bolsas en las que acostumbraban a llevar el almuerzo al colegio, tuvieron que utilizar bolsas de plástico de las que se usan para recoger los excrementos del perro, una humillación para ellas.

Una madre canadiense gana una huelga en su propia casa

A los seis días de huelga, las hijas se pelearon entre sí, culpándose unas a otras del estado de la casa. La discusión terminó volviéndose contra los padres. «Su enojo de por qué no había limpiado me hizo reír», señaló Jessica, que acabó explicando a sus hijas los motivos de su huelga. Al final, las tres se disculparon y le dieron las gracias. «Cerré los ojos y me imaginé que acababa de subir el Monte Everest y mientras estaba en la cima de la montaña gritaba «¡Eso es! ¡He ganado!».

Ese mismo día escribía con sorna en su blog: «Odio decepcionar a todos … pero anoche cedieron los tres niños. La huelga ha terminado».

Al término de la experiencia, Jessica Stilwell señalaba que estaba «muy orgullosa» de sus hijas y que le gustaría «darles el mundo entero», pero se había dado cuenta de que «estaba haciéndoles un flaco servicio. Las estaba programando para el fracaso. Me da miedo pensar que estamos educando una generación de jóvenes cuya actitud de vida será ‘y tú, ¿qué estás haciendo para mí?’».

En última entrada en el blog, hace dos días, señalaba que ahora se puede tomar un tiempo para ella: «Mi vida parece estar acomodándose un poco».

Si quieren leer el blog de esta madre, hagan click aquí http://strikingmom.blogspot.ca

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Familia Permisiva

Ilustración tomada del libro: «Ternura y firmeza con los hijos» de Dr. Alexander Lyford-Pike.

La familia permisiva es la más común en nuestros días. Es genial por el lado de que sí se atienden las necesidades afectivas de los hijos, pero se deja de lado otra parte que es fundamental: la educación con firmeza, normas y exigencia que es imprescindible en el desarrollo de seres humanos maduros.

En este miedo que sentimos los padres de no estar dándoles todo nuestro tiempo porque trabajamos mucho o porque hay más peligros que acechan como las malas compañías, las drogas, el alcohol, entre otros, los padres sobrevaloramos lo afectivo y pretendemos ser los mejores amigos de nuestros hijos, olvidándonos el ser padres. Así, estamos a merced de todos los caprichos, por más mínimos que sean, pensando que así los haremos felices y olvidando la importancia del autodominio en la formación de una persona.

Según Cynthia Hertfelder, en su libro «Como se educa una autoestima familiar sana», la autoestima de los hijos en este tipo de familias suele presentar el siguiente tipo de problemas:

  • Se educa hijos caprichosos que no toleran la más mínima frustración.
  • No son capaces de controlarse emocionalmente.
  • Se creen con derecho a todo por parte de todo el mundo.
  • No entienden la importancia de ninguna clase de normas.
  • No son capaces de establecer proyectos a largo plazo, porque suelen buscar el placer y la recompensa inmediata.
  • No aprenden a conocerse ni a conocer sus limitaciones o potencialidades, porque no se han tenido que esforzar casi nunca por nada.
  • Cuando las cosas no salen como ellos esperan y desean no sabe resolver los problemas y echan la culpa a los demás.
  • No aprecian el valor de las cosas ni de las personas.
  • No entienden lo que los demás sienten ni son capaces de ponerse en su lugar.

«Su autoestima es una autoestima falsa, inflada llena de nada y en permanente riesgo de explotar en cuanto se hayan de enfrentar, aunque solo sea por la edad que no perdona, a una realidad que no tenga como objetivo primero complacerles en sus más mínimos deseos. Se construye una noción de singularidad que no tiene apoyos reales. La ausencia de normas y de exigencia familiar incapacita al niño para construir un modelo adecuado de valores y significados, así como para conocer con realismo sus propias competencias», finaliza la autora.

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¿Cómo respaldar las palabras con hechos?

Como resumen de la necesidad de respaldar las palabras con hechos, tenga en cuenta estos puntos:

-Los padres son quienes deben determinar límites equilibrados, pero fir­mes, cuando se trata de disciplinar a los hijos y cuando corresponde elo­giarlos o premiarlos.

-Planifique siempre la forma en que respaldará sus palabras con hechos en caso de ser necesario. Cuando les diga a sus hijos lo que usted espera de ellos, pregúntese enseguida: ¿Qué haré si no me escuchan ni me hacen caso? De lo contrario, su reacción a la desobediencia corre el peligro de ser tan apresurada e irreflexiva como inconveniente.

-Decida una medida disciplinaria eficaz.

-Ponga sobre el niño la responsabilidad de enfrentar las consecuencias de sus acciones: si haces tal cosa, serás disciplinado con tal medida.

-Sea consecuente. Cada vez que el niño se comporta en forma inapropiada, lleve adelante la consecuencia programada por usted, sin dar marcha atrás, siempre que esté seguro de que está haciendo lo correcto.

-Perdone y olvide: luego de que el niño se ha disciplinado, se acabó el tema.

-Para los niños pequeños es muy importante el contacto corporal. Utilíce­lo tanto si aplica un rezongo (por ejemplo, lo toma suave, pero firmemente de los hombros) como cuando los refuerza positivamente (por ejemplo: abrace, acaricie, palmotee).

-Programe el refuerzo positivo. Cuando el niño lo escucha y cumple, recu­rra al elogio, el privilegio o el premio en un volumen adecuado al buen comportamiento de su hijo.

«TERNURA Y FIRMEZA CON LOS HIJOS«

Dr. Alexander Lyford-Pike

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